lunes, 22 de junio de 2009

RUTA SENDERISTA DE LA TAPA. 21-Junio -2009


Con pan y vino se anda el camino o al menos así dice el refrán. Eso fue lo que debió de pensar la concejalía de deportes del ayuntamiento de Rincón de la Victoria cuando el pasado domingo 21 de junio -primer día de verano- veinte atrevidos senderistas locales desafiando altas temperaturas osaron participar en la primera ruta de la tapa.

Pero vayamos por partes. Para encontrar el inicio de esta marcha hay que retroceder algunas semanas atrás cuando tras terminar la ruta Zafarraya-Mondrón, -19 de abril-, saboreando unas cervezas y charlando sobre la jornada en un pequeño bar de Mondrón surgió la idea, medio en broma medio en serio, sobre una posible ruta de la tapa.

Aquel reto fue recogido por Antonio Sánchez que dos meses después ha visto cumplido el desafío.

Una representación de los TREPACUESTAS acudió a las 10 de la mañana al final del paseo marítimo de La Cala, junto al arroyo Totalán, para dar inicio a esta caminata de unos catorce kilómetros de recorrido con un perfil o nivel de tipo bajo. Aunque el recorrido nos era familiar (ver crónica la Cala-Moclinejo) destacar que la hora de salida y el recorrido fijado no ha sido el atractivo más fuerte de la excursión. Aun a pesar de todo allí nos congregamos dos decenas de aficionados dispuestos a empezar y concluir el itinerario.

A las 10,10 horas, tras pasar lista y cuando los primeros bañistas comenzaban a colocar toallas y sombrillas recorríamos todo el paseo marítimo dejando atrás con rapidez el Cantal, Rincón, arroyo Granadillo, la Torre de Benagalbón para reagruparnos en la desembocadura del arroyo de Benagalbón.

A las 11,30 horas enfilábamos el cauce del río en fila india y a la memoria me viene parafraseando el poema del Mío Cid aquella estrofa que dice “Por la terrible rambla de Benagalbón, polvo, sudor y quejas, Antonio Sánchez camina con diecinueve de los suyos”.

La suerte hizo que entre los senderistas viniese Manolo -Manuel López Ramírez- quizás uno de los mejores informados de la zona. A sus cincuenta y ocho años fue descubriendo cada esquina, lugar y paraje del arroyo. Empezó a trabajar a los doce años en las huertas colindantes y pese al tiempo no ha perdido la memoria ni el amor por su tierra. En ocasiones el destino te pone junto a personas que ni te imaginas, pero puedo asegurar que subir la rambla de Benagalbón con mí ahora amigo Manolo fue todo un lujo. Entre nostalgia y congoja pude oír a mi compañero de marcha como aquellos espléndidos huertos de patatas, tomates y cebollas que bordeaban el lecho del torrente se han convertido en hormigón. Tras dejar atrás el famoso algarrobo de La Paca -magnífico ejemplar con un montón de años de antigüedad- y sobre el que se han contado muchas habladurías y del que más de un niño de la zona no pudo dormir en su momento pensado en lo que allí había ocurrido, pasamos junto a la finca de Ceferino, el Lavadero de Benagalbón y algunos metros después dejamos a nuestra izquierda la finca de la Corta, para llegar al vivero Serrano sonando las doce campanadas.

Nuestro guía particular fue contundente “la entrada al pueblo desde el río son tres y las tres cuentan con subida”. Resignados llegamos a uno de los núcleos de población de la Axarquía más bellos y cuidados que se conocen. Causa asombro encontrar este remanso de paz y tranquilidad a tan escasos kilómetros del litoral. Bajo unas sombrillas y con el sol bien alto pudimos degustar unas cervezas y jarras de tinto de verano -verdadera razón del alto-. Para la ocasión se repartieron unos tickets que canjeados convenientemente en cada parada sirvieron para reponer fuerzas. El bar la Candelaria, fundado en 1954 como así reza en su entrada, -en su parte trasera, la que da al arroyo, se encuentra uno de los accesos y/o viales públicos que comunica el río con el pueblo- nos ayudaron a levantar el apetito con una suculenta y exquisita tapa de ensaladilla rusa.

Según la toponimia malagueña de origen árabe, Benagalbón se corresponde con el nombre familiar de los Banu Galbun, es decir los hijos o descendientes de Galdun.

Sin tiempo que perder a las 12,45 horas, pues el sol apretaba de lo lindo, retomamos el camino esta vez cuesta abajo en busca de los Morenos. Manolo con añoranza recordaba al paso del kilómetro 1 cuando en sus tiempos de mocear acudían a ese lugar a pasear con las muchachas del pueblo. Algunos metros después por la carretera dejamos atrás el cortijo Algarrobo o “garrobo” como prefiere decir Manolo, lugar pionero de la flor cortada en la provincia de Málaga donde se inicio el cultivo del clavel.

Ya en la venta los Morenos a las 13,30 horas saludamos a Enrique Ruiz Postigo -Enrique garrobo para los amigos- que a sus más de ochenta años puede considerarse el patriarca de la zona. De buena percha y mejor humor nos recibió tomando el fresco en una de las esquinas de la venta. Con el gracejo que caracteriza a los pobladores de los Morenos nos confesó que aunque nacido en Benaque vivió más de treinta años en el cortijo Algarrobo lugar donde según él había más pulgas que paja.

Debidamente repuestos con diferentes tapas y bebidas, comenzamos a las 14,00 horas la tercera etapa con dirección al litoral. Atravesando un camino recorrido mil veces en coche, llegamos de nuevo al paseo marítimo con descanso esta vez en Puerto Madero, local donde al olor de la tapa y en mesas separadas se habló por algunos participantes de la inquietud por el senderismo y de la más que probable necesidad de crear en el futuro un club.

Ahí queda el apunte y ahí queda el reto para algún valiente que quiera dar el paso.

En este punto Manolo, Joaquín y otra senderista nos dejaron.

La salida del último tramo fue a las 15,10 horas con diecisiete senderistas a pleno solo y mucho calor. Junto a bañistas y veraneantes tuvimos la suerte de pararnos unos segundos con Miguel que junto a su borrico los domingos acude desde el Valdés a la Cala para vender vino, pasas y fruta. Miguel y a su elevada edad es todo un ejemplo de dignidad y saber estar. Pese al calor, que no parecía afectarle, estaba contento con la venta. Algún día los rinconeros tendremos que rendir tributo de admiración a quien durante años se ha ganado la vida de esa forma. Desde aquí nuestra admiración por este anónimo personaje de la vida local.

Sin tiempo que perder enfilamos el camino de la Cala, unos achicharrados por el calor, otros quemados y la mayoría con muchas ganas de terminar. Con asombro pudimos observar con cierta perplejidad el increíble color marrón del agua del rebalaje.


Sin explicación lógica a lo visto a las 15,50 horas llegamos al término de la excursión en la solitaria plaza de la Cala -Gloria Fuertes según el callejero-. Eduardo el brasileño y que se encuentra al frente del bar Ke Rico Kebap dispuso en dos mesas unos platos con carne y bebida.

Con sudor y más calor nos despedimos a las 16,30 horas con el compromiso de vernos nuevamente en octubre para iniciar una nueva temporada de rutas.

Crónica .

Pablo Portillo


domingo, 21 de junio de 2009

MIRADOR DE LAS BUITRERAS-EL CHORRO. 24 de Mayo 2009

24 de Mayo de 2009. Desde la Cala del Moral, quince minutos después de la hora prevista, comenzó una nueva aventura de los “Trepacuestas”. El destino, el desfiladero de los Gaitanes. José explicó que haríamos una ruta familiar y todos estuvimos de acuerdo, sin preguntar siquiera. ¿Qué nos depararía el día? La respuesta la tendríamos al final de la jornada y estas líneas pretenden ser una explicación de la misma. A las 11.00 horas ya habíamos llegado al destino elegido. El refrán “a quién madruga, Dios le ayuda”, sirve para explicar la suerte que tuvimos a la hora de aparcar los vehículos. Ningún contratiempo. La primera sorpresa para los no avezados en rutas senderistas la tuvimos en el túnel inicial, al lado mismo de la carretera, que nos conduciría al inicio de la ruta. Después de cinco minutos de bromas y sustos, por la oscuridad, alcanzamos el sendero y sin equivocarnos emprendimos el mismo para llegar al lugar conocido como “las Buitreras”.
Se me olvidaba, once comenzamos esta aventura y once la terminamos sin mayores complicaciones y contratiempos. En el trayecto, familiar como José nos comentó, pero empinado, ocurrieron mil peripecias, cada uno de los participantes tendrá y podrá contar las suyas. A mí, quién os escribe estas líneas, lo único destacable fue que el tobillo, su maltrecho tobillo izquierdo, comenzó a dolerle, señal inequívoca, por supuesto que de dolor, pero también, y en eso es infalible, de agua de lluvia. La lluvia fue escasa, pero sirvió justamente para que mi tobillo acertara una vez más.

Bromas aparte, el trayecto discurrió con tranquilidad, sin ningún problema. La ruta muy sencilla y corta, pero mereció la pena, por las inmejorables vistas que se divisan desde “la buitrera”. El más cansado de todos en la cima, el que les habla, que repuso fuerzas, el único, siendo las 12.30 horas y cuando ya habíamos llegado hacía algún rato. Las fotos de rigor, del paisaje y con los amigos, fueron el colofón previo a la rápida bajada. Llamó la atención a la bajada los enjambres de abejas. Enormes esfuerzos realizamos para que los niños no jugaran con ellas.

En esta ruta no acabó la jornada, ya que al terminar la misma y al inicio de ésta existe un camino que conduce a un pantano, donde existe un edificio de sevillana, que todavía genera electricidad y donde se encuentra el inicio del maltrecho caminito del rey. En sus restos, se adivinan las enormes posibilidades turísticas de dicha ruta. Un arreglo por parte de las Instituciones permitiría disfrutar a todos de dicho enclave y poder realizar, como antaño, dicha ruta. Los más antiguos caminantes del grupo, Pablo, José, Paqui y Celes comentaron que 20 años atrás habían estado en el paraje, y otras como Brígida comentaron haber estado con sus padres. El que les escribe, si estuvo, no se acuerda, por lo que deduzco que no he estado, ni solo, ni acompañado de mis padres.

Como el hambre ya apretaba (para los demás, porque yo había repuesto fuerzas en la cima), buscamos un lugar adecuado, lejos del mundanal ruido y del resto de curiosos del lugar. Encontramos el lugar ideal en la orilla del pantano, pero resultó imposible estar solos, lo que tampoco nos importó. Arreglamos muy dignamente el paraje para proceder al reparador almuerzo. Mesas y sillas realizadas con restos de árboles nos sirvieron de acomodo y servirán igualmente para los que decidan hacer esta ruta y reponer fuerzas en el mismo lugar. El almuerzo discurrió plácidamente y Pablo nos deleitó recitando poesía. Yo en ese momento, hacía ímprobos esfuerzos para no dormirme. La siesta es la siesta y al final, entre poesía y poesía, porque la mayoría ya se enganchó a lo de recitar poesías, conseguimos varios dormirnos. A, se me olvidaba, no hubo café, pero si galletas de chocolate, que fueron cayendo todas.

Por la tarde, decidimos hacer una visita cultural por los alrededores. Comenzamos en las sillas reales, en el pantano Conde del Guadalhorce y después de las fotos de rigor, emprendimos rumbo a los restos de la fortaleza de Bobastro, lugar donde se puso en jaque al poder del reino de Granada. Al parecer, por aquella época, quién tenía un castillo y ganas de guerrear, mandaba mucho. En aquél lugar, existió esa persona, de cuyo nombre no me acuerdo, y que ganó varias batallas, pero que al final perdió la guerra. Sus hazañas se pierden en la memoria colectiva y los restos del castillo son escasos y hay que realizar un gran esfuerzo de imaginación para adivinar el castillo. Los restos escasos pero las vistas maravillosas. En aquél lugar confluyen y se unen en armonía pasado y futuro. El ave con la antigua estación de ferrocarril. Los senderos con la nueva vía del AVE. En definitiva, una amalgama de sensaciones, de pensamientos que culminaron en la venta los Caballos de Alora, donde compramos pan cateto del lugar, y no perdimos la oportunidad de saborearlo, de engullirlo inmediatamente.
Muchas anécdotas habrán quedado en el olvido, de otras me he olvidado (los niños saben a que me refiero), pero lo que si os puedo asegurar es que mereció la pena y en mi retina, y creo que en la de todos, quedó grabada la hermosura del paisaje, la buena charla bajando las cuestas(es un decir) y los recuerdos de un día inolvidable, que seguro se repetirán.

Hasta otras, trepacuestas.


Crónica de Antonio Sanchez

domingo, 3 de mayo de 2009

Alfarnate. Sendero de las Pilas. 2ª Visita. 1 de Mayo de 2009

Mas bien que una crónica, estas lineas van a ser un recordatorio de la ruta hecha recientemente por los Trepacuestas, ya que es la misma que hicimos hace poco tiempo organizada por la Diputación de Malaga.
En aquella ocasión, y por normas de la propia organización de la ruta, no pudieron asistir los niños, la cantera de senderistas del grupo, por lo que pensamos en repetirla para que todos y todas pudieran disfrutarla, ya que su trazado es muy asequible e invita al disfrute.
Pero como a veces suele pasar, esta vez tampoco pudimos asistir todo el grupo, obligaciones y demás labores lo impidieron, por lo que se echó de menos a Paqui y a Pablo, pero por contra "bautizamos" a tres nuevos integrantes, Antonio , Conchi y María, a los cuales esperamos y animamos a que sigan en la brecha y en futuras rutas.

En esta ocasión la hora de quedada fue mas relajada, a las 10.00 h. de la mañana partimos en nuestros vehiculos hacia Alfarnate, y sobre las 11.00 h. comenzábamos a caminar adentrandonos en el sendero.
La mañana estaba fresca, algo habitual por aquellos lares, pero invitaba a hacer la ruta de manera agradable.
Coincidimos en la ruta con un senderista, del cual no supimos el nombre, vecino del pueblo de Alfarnatejo pero residente desde hace años en Granada, con el que compartimos parte del camino y nos informó sobre otras rutas por la zona y nos contó anecdotas, historias y curiosidades sobre el pueblo, desde aquí le agradecemos el ofrecimiento de protección solar , ya que se nos olvidó en los coches.

Esta vez fue mas pausada, sin limitaciones de horario disfrutamos más de la ruta, parando a comer durante el transcurso en un bonito enclave, junto a la laguna, donde los niños disfrutaron de lo lindo.
Una vez ya en el pueblo dimos un paseo, bonito pueblo Alfarnate, acabando el día de senderismo y dando cuenta de un buen café en la historica Venta de Alfarnate, lugar de pasadas andanzas de bandoleros.

Por lo tanto, fue otro gran día de senderismo en familia y amistad que esperamos repetir pronto.
Un saludo.

Crónica de Jose.

lunes, 20 de abril de 2009

ZAFARRAYA - MONDRON. 12/ 04/2009



Domingo 19 de Abril de 2009.
Como es de costumbre en estas excursiones organizadas por la Diputación y el Ayuntamiento, a las 8 de la mañana estábamos todos bien ataviados en la parada esperando al autobús que nos conduciría hasta Zafarraya, donde nada mas cruzar el conocido como "boquete de Zafarraya" nos dejó, y justamente desde alli comenzaba nuestra ruta de hoy, que nos llevaría hasta Mondrón, donde nuevamente nos esperaba el autobús ya que esta ruta no era circular.

El día se presentaba muy nublado en la salida, a pesar de las previsiones meteorológicas que auguraban un tiempo mas estable, con una temperatura de 15 grados partimos de La Cala del Moral. Conforme alanzábamos en el trayecto, el tiempo empeoraba de tal forma que nos llovió en la primera parte del recorrido con cierta intensidad, pero a medida que empezamos a subir del Puente D. Manuel hacia Zafarraya, el cielo se fue aclarando y dejando de llover.

Durante todo el recorrido de la excursión no nos cayó ni una gota mas, incluso disfrutamos de algunos rayos de sol, aunque hay que decir que cuando empezamos a andar, sobre las 9'15 de la mañana hacía bastante frió, pues teníamos una temperatura de 9 grados y soplaba un viento que agudizaba aún mas la sensación de frió.
Frente a nosotros se alzaba majestuosa La Maroma que había amanecido coronada con un leve manto de nieve que timidamente se dejaba ver entre las muchas nubes que empujadas por el viento iban acariciando su cima: un espectáculo natural precioso.

Una vez adentrados en el recorrido hemos podido disfrutar de unas vistas espectaculares pues el sendero va serpenteando por lugares elevados que permiten fotografiar estampas y paisajes muy bellos. Desde las alturas hemos podido divisar el pantano de La Viñuela, bastante recuperado su contenido por cierto, y pueblos como Comares, Colmenar y Los Romanes.

Transcurridos unos Kilómetros en nuestra andadura, hicimos la primera parada para tomar algo, hacer algunas fotos y reagrupamiento del grupo. Enseguida continuamos y así entre charla y comentarios de unos y otros, llegamos casi sin darnos cuenta la mitad del recorrido aproximadamente, que coincidía con Guaro, una pequeña aldea donde nace el río que lleva su nombre y que a su vez es afluente del río Sabar. Aquí hicimos una parada mas larga, de una media hora, donde tomamos los bocadillos y algún tentempié e hicimos fotos, pues las cascadas con las que comienza el curso de este riachuelo conforman una estampa digna de ser fotografiada.
Tras este rato de descanso y después de haber repuesto energías, continuamos rumbo a Mondrón, donde concluiría nuestra ruta, no sin antes bajar el tramo, para mi mas fastidioso de todo el camino, pues era una pendiente de cemento con bastante porcentaje de inclinación, que nos llevaría hasta la misma carretera, pero que las piernas y las rodillas se resintieron al bajarla.

Una vez aquí, nos dejaron un rato libre en el que mientras algunos fueron al bar a tomar algo, otros compraron acetite en un molino que allí se encontraba a pie de carretera.
Transcurridos unos 45 minutos aproximadamente, nos dirigimos todos al autobús que nos dejaría sin ningún contratiempo, gracias a Dios, a cada uno en nuestra localidad aproximadamente a las 3 de la tarde.

Para mi ha sido una ruta bastante amena y asequible, pues no comporta gran dificultad y es por eso que he echado mucho de menos a mi hijo, que por ser menor de 14 años, no ha podido participar en la ruta, y a Paqui, Nati y Brigida, con sus respectivas niñas, hubieran disfrutado de un buen dia en contacto con la naturaleza como lo hemos hecho nosotros.

Un saludo a todos.







CRONICA DE CELES

viernes, 3 de abril de 2009

Ruta Alfarnate - Sendero de las Pilas. 29- Marzo-2009

La mañana amaneció en nuestro municipio con una brisa fresca, habían cambiado esa noche la hora al horario de verano y a más de uno le costó un poquito madrugar.
El autobús partió del Rincón de la Victoria sobre las 8 de la mañana, hizo una parada en La Cala del Moral para recogernos a los que allí vivimos, entre los que estaban José, Pablo, Salvador, Antonio ( concejal de deportes) y una servidora.

Todas las plazas iban cubiertas con 55 personas, incluso hubo gente que no pudo venir.
Pusimos rumbo a Alfarnate y nada mas llegar comprobamos que la temperatura bajó hasta 9 grados y para entrar en calor tomamos un café en el hogar del jubilado.

Alfarnate en un pueblo pequeño, tranquilo y bonito, sus gentes deberían estar aún dormidas pues sus calles estaban a esa hora algo desiertas.
Los monitores nos reunieron en la plaza para darnos las instrucciones pertinentes para nuestra seguridad, invitándonos a hacer unos ejercícios de precalentamiento.

La media de edad de los senderistas era de unos 45 años, los mas jóvenes creo que prefieren salir de noche en sábado.

La ruta era un recorrido circular de unos 12 Kms bordeando un cerro cercano, todo en llano sin ninguna dificultad.

Comenzamos a caminar sobre las 10 de la mañana, por toda la ruta la ruta no se dejaba de divisar practicamente el pueblo. Pronto hicimos la primera parada sobre las 10,30 en las Pilas del Cerezal, por todos los alrededores íbamos encontrando unas grandes pilas adosadas con agua clara.
El campo estaba sembrado en grandes extensiones de cerezos que se hallaban en flor, una flor blanca redondeada preciosa, también había cultivos de olivos, cereales y hortalizas.
La siguiente parada la hicimos para tomar el bocadillo sobre las 11,40, era muy pronto para almorzar, estuvimos parados algo más de media hora. La gente que iba casi todos se conocían, el ambiente era bastante agradable, nuestro concejal que con su buen humor siempre nos sacaba una sonrisa.

Reanudamos la marcha, hicimos una pequeña subida a través de un sembrado de cebada (espero que no lo estropeáramos demasiado), volvimos a c0ger el carril que nos llevaba de nuevo al pueblo donde llegamos sobre las 13 horas, muy pronto, el recorrido era de unas 4 horas y lo que tardamos fueron 3.
Cuando llegamos al pueblo nos dispersamos todos. Nosotros entramos en el Mesón de la Villa para tomar algo, aún recuerdo el agradable olor de una pata de jamón que asaban. Estuvimos conversando y nos conocimos todos un poquito más , a las 14 horas nos volvimos al autobús, al empezar a bajar la carretera había una densa niebla que iba desapareciendo poco a poco.
Alfarnate es el pueblo con el nivel mas alto de la provincia, en invierno hará bastante frió.
Cuando volvíamos la temperatura que marcaba el termómetro del autobús era la misma de la mañana, 9 grados.
Llegamos a La Cala sin ningún contratiempo aunque para mi fue demasiado pronto, ya que eran las 3 de la tarde.
Lo que se trata es de disfrutar de la naturaleza con amigos, conocer gente nueva, desconectar de la rutina diaria y aprovechar las múltiples posibilidades de hacer rutas a pie que nos da nuestra Málaga.
Así que esperamos repetir la experiencia, pero apuntense rápido que se quedan sin plaza.

Crónica de Patricia Romero.

jueves, 12 de febrero de 2009

RUTA LA CALA DEL MORAL - MOCLINEJO. 8 - 02 - 2009


Previa inscripción y organizado por la mancomunidad de l
a costa oriental de Málaga el domingo 8 de febrero una representación de los Trepacuestas participó en esta hermosa ruta especialmente recomendada para familias. No entraña dificultad especial salvo que en época veraniega no es recomendable por el calor. En cuanto al regreso en esta ocasión se dispuso de autobús de vuelta.
Citados convenientemente a las 10,00 horas en la desembocadura del Totalán un grupo de 30 personas acudieron a esta salida.
Los días anteriores la Axarquía malagueña recibió un frente de lluvias provocando que el Totalán viniese con un importante nivel de agua. Los integrantes allí congregados procedían de localidades tan distantes como Coín, Torre del Mar o Riogordo. Al frente de la marcha Álvaro, nuestro monitor y guía. La mañana se barruntaba algo fresca con viento de poniente entablando que hizo que todos los excursionistas tuviéramos ganas de comenzar rápida la marcha.

Con paso decidido se encaró el Cantal y atravesando los túneles los Trepacuestas tuvimos la oportunidad de saludar y charlar brevemente con nuestro alcalde Carloni que junto con el alcalde accidental Salvador, paseaban juntos en una hermosa mañana. Tras la correspondiente foto para el recuerdo, nuevo encuentro con conocidos y familiares que con simpatía animaron al grupo.

Sin darnos cuenta dejamos Rincón y su paseo marítimo y en animada charla llegamos a la desembocadura del Benagalbón, lugar donde se unió David. Se decide cruzar la antigua nacional 340 en previsión del barrizal que tenía que acumularse en los primeros metros del estuario.
La subida por el cauce del Benagalbón sin problemas, una par de cicloturistas y
poco más. Apareció la piedra suelta y el terreno mojado. Una vez pasado el puente de Añoreta encontramos agua en el cauce lo que animó a todos y en especial a los más pequeños. El agua por alguna razón ha sido siempre una especie de imán para los niños y en esta ocasión no fue una excepción.


Tras vadear los primeros meandros vino la primera parada bajo un impresionante algarrobo, árbol que parecía sacado de un libro de cuentos.

Muy pronto arribamos a Benagalbón pueblo y otro alto esta vez en la plaza principal donde el grupo ahora más cohesionado posó en otra instantánea. Atravesando un mercadillo de domingo algunos tuvimos la oportunidad de entrar rápido en el museo de artes populares de la localidad, mientras el grupo de cabeza avanzaba hacia las afueras. Una vez reagrupados cogimos de nuevo el cauce del Benagalbón esta vez con más corriente. Lo niños se los pasaron en grande. Mucho tendrían que contar al día siguiente en el colegio sobre aquella aventura vivida una mañana de domingo de invierno.



A Chelo la veterana del grupo hubo que animarla a vadear el arroyo, cosa que hizo muy bien. Según nos comentó después esta Vitoriana hacía muchos años que no saltaba por los riachuelos. Más tarde nos confesó que de alguna manera para ella fue como regresar a su lejana infancia.
Ciertamente fue un espectaculo de luz y sonido poder ver todo aquello. Agua por todas partes y el campo con un color que pocas veces se puede contemplar. La Axarquía siempre tiene guardada una sorpresa y a fe de los allí paseantes ese domingo de febrero c
onsiguió cautivarnos a todos los que por allí anduvimos.

Llegados a un punto salimos del cauce para tomar la empinada subida al Valdés. A media ladera y desde uno de sus miradores pudimos visionar el camino andado. Del Valdés nos llamó la atención además de sus cuestas, las impresionantes casas, muchas a medio construir, así como la cúpula de una edificación que sobresalía sobre todas las demás y que estaba coronada por una especie de arado.

Fatigados por la cuesta a los más jóvenes se les pudo animar en el paso dada la visión directa que se tenía desde El Valdés con la próxima localidad de Moclinejo, fin de itinerario, panorámica o vista algo engañosa si se quiere, dado que todos desconocíamos entonces la bajada y subida que aun nos aguardaba el final y que fue ampliamente comentada por todos.

Despidiéndonos de las últimas casas del Valdés pudimos percibir el fuerte viento terral que azotaba la zona. Las rachas de viento norte descargaban con fuerza por aquellas lomas haciendo un ruido muy característico.


Lo que finalmente nos quedó gravada en la retina de la memoria, lo que Álvaro no quiso desvelar para no desmoralizar al grupo fue la dura subida final que nos tenía reservada la excursión. Vadeando el último arroyo, un afluente del Benagalbón, nos topamos de bruces con un auténtico puerto de primera categoría, un subidón corto pero exigente, una verdadera prueba de fuerza para piernas y pulmones y que algunos tuvieron acometer por etapas.

Una vez llegados a Moclinejo, sobre las 14,30 horas, Andrés el más pequeño de todos los excursionistas se autoproclamó el vencedor de la ruta y así poco a poco fuimos llegando todos a la plaza del pueblo contentos por la conclusión de esta salida de unos 15 kilómetros de recorrido.

Pero la excursión no acabó en aquella plaza ya que quedaba pendiente una nueva
visita, también guiada, con degustación incluida a la bodega Muñoz Cabrera, hecho que fue muy celebrado con un brindis general y de la que desde aquí damos las gracias a sus propietarios por la atención demostrada para con todos, lo que viene una vez más a reafirmar la hospitalidad de la Axarquía para con sus visitantes.














Crónica de Pablo Portillo