miércoles, 11 de mayo de 2011

SINFONIA DE SENSACIONES. MAYO DE 2011.


  El puente del 1 de mayo, este año con un día más, ha sido especial, pues lo hemos pasado en Arriate, en concreto en una casa rural con los amigos.

   Acompañados por la lluvia, que nos condujo, por la carretera de Ronda, hasta la localidad de Arriate. Pequeño, pero coqueto pueblo de la serranía de Ronda, con una gran afición al fútbol, y concretamente al equipo del Betis.
   
  Al atardecer, llegamos, a la rústica y “melliza” casa, que ese era su nombre, en el que viviríamos una grata experiencia. El dueño nos esperaba y nos enseñó el magnífico lugar y nos explicó, cuanto podíamos realizar en el mismo, si el tiempo nos lo permitía. La lluvia, compañera ocasional de nuestras andanzas, impidió, sin quererlo, lo que más ansiaban los niños, el disfrute de la pequeña, pero coqueta piscina.

  Una vez instalados en la casa, encendida la chimenea, dio calidez a una fría y desangelada casa, dando paso a la primera comilona del largo fin de semana.

  Al día siguiente, sábado, los mas madrugadores, salieron a recorrer los alrededores y comprobaron las magnificas vistas y fincas del lugar. No contento con el paseo, Paqui, Pablo, Celes y José continuaron la marcha hasta Arriate, donde descubrieron que los Chinos, también se habían instalado allí.

    Por la tarde, nos visitaron Nati y Salvador, que se hicieron acompañar de lo más típico de su natal Ronda, los chorizos, adquiridos en el famoso Pacón de la calle la Bola y las Yemas de Ronda, que cayeron una a una, sin tregua, por los niños, en la tarde. Los chorizos se hicieron esperar a la cena, pero ni uno quedó.
  
    Cumpliendo la promesa hecha al cura de la Cala, fuimos a visitar a su amigo, Antonio, el cura de Arriate, quien al advertir rostros nuevos y jóvenes en su parroquia, se puso      muy contento, pues la edad media de sus feligreses es superior a los de la cala. Le comentamos la excursión a la Cueva de las Piletas y nos dijo que preguntásemos por la CHARI, conocida suya y guía local.

   La noche del sábado se completó, a la luz de la chimenea, con una buena partido de dominó y unas bebidas, que a pesar de todo, hicieron el camino de regreso.
  
   El domingo por la mañana, otro día de lluvia a ratos, ya sin la compañía de Antonio que nos abandonó para estar en el 1º de Mayo del Rincón.  Dispuestos los niños en el coche con Pablo y el resto con Jose en el suyo, pusimos rumbo a Benaoján, en cuyo término municipal se encuentra La Cueva de la Pileta, que tantas sorpresas esconde en su interior.  Me cautivó de tal manera que prometo volver otra vez con Antonio.

   La carretera de acceso tiene algunas curvas y precipicios, menos de los que esperaba, aún así el viaje estuvo amenizado por las continuas bromas de José, conocedor de mi miedo a las alturas. Llegamos a la explanada donde se aparca el coche y de ahí ascendimos por la escalinata de piedra hasta la pequeña boca de entrada.   Una vez en el rellano nos dieron cita a las una de la tarde y aprovechamos el tiempo para visitar en Jimena de Libar el camping donde los menores del grupo pasaron unos días de asueto y de descanso. Sitio espectacular, rodeado de montañas, naturaleza viva, espléndida, exuberante en verano y sombreado en verano. Lugar de ensueño para disfrutar con la naturaleza y abrir los sentidos al mundo que nos rodea y que tan lejos tenemos en la rutina diaria. Los niños recordaron, no con cierta melancolía, las aventuras que disfrutaron en el verano anterior y que rememoran a diario. Dulces recuerdos que no olvidaran.

    Ya de vuelta a la Cueva, pudimos disfrutar de unas excelentes vistas a la Hoya del Harillo, donde pudimos divisar una gran variedad de flora y observar en el entorno de rocas grisáceas, hendiduras donde florece la vegetación. Tras la entrada, de pequeñas dimensiones, pasamos a la Sala de las Lámparas o también llamada Sala de los Murciélagos, donde el guía reparte candiles de petróleo y aparecieron como por arte de magia, miles de murciélagos, que llamaron al instante nuestra intención y afloraron nuestros más ocultos miedos. Angel y Jose, antorcha en mano, comenzaron la expedición al Centro de la Tierra. Las Salas se fueron sucediendo, una tras otras, todas emocionantes, escondiendo y enseñando a la vez sus tesoros. La Sala del Castillo de cuentos de Hadas, labrados en la piedra, que me recordaron las viejas batallas, que se produjeron en estas ancestrales tierras. Después, en la penumbra de la oscuridad profunda, apareció ante nuestros ojos, la Sala de los Lagos. La luz sutilmente reflejada en sus aguas, evocó la profundidad del pensamiento humano. Unos angostos y resbaladizos pasadizos, motivado por las filtraciones de agua, nos llevaron a la Sala de la Reina Mora, para a continuación llevarnos la última sorpresa que esconde la cueva, la denominada Sala del Pez, que como su nombre indica, está coronado por el dibujo monumental, sorprendente de un PEZ enorme. 
La Sala es grandiosa, y contiene dibujada toda la fauna de la época, toros, caballos, ciervos y toda la trayectoria pictórica de nuestros más remotos antepasados. Ya se vislumbraba algún PICASSO entre ellos. Por encima de nuestras cabezas, se veía un gran órgano, esculpido a lo largo del tiempo por el agua, que discurría por la gruta. El agua había compuesto magnificas figuras naturales, que hacían navegar nuestra imaginación. La misma imaginación, que ahora me hace pensar porqué pintaban. ¿Qué querían?,¿qué pretendían? Imagino e interpreto, que un acercamiento al más allá a través de la representación de lo cotidiano, de sus vivencias.

    De vuelta a la casa, me seguía preguntando todavía muchas cosas. Aún hoy lo sigo haciendo.

    También tuvimos oportunidad de visitar la cueva del Gato. En esta ocasión la visita fue exterior, porque se necesita autorización y preparación, pero también tuvimos oportunidad de descubrir su singularidad y belleza, su parecido con el felino, del que recibe su nombre. Encontramos carteles, que indicaban la prohibición de continuar sin autorización, pero como Pablo dice “los carteles y los hermanos están para no hacerles caso” y por ello los más intrépidos continuaron por el deteriorado puente que atraviesa el río, y los menos arriesgados, como Noelia, Celes y yo misma, permanecimos quietos en el umbral. Paqui, si cruzó, con tan mala suerte, que metió el pie entre los deteriorados peldaños sufriendo una aparatosa caída, sin mayores consecuencias, aunque estuvo quejándose  el resto del puente. 

   Después del descenso a las grutas del pasado y hambrientos como aquellos hombres del paleolítico, regresamos con los estómagos maullando y mugiendo a  satisfacer nuestras necesidades hambrunas.  Un pequeño asueto tras el almuerzo y una salida más por los alrededores: el olor a hierba mojada, pajarillos que cantan, el ruido del agua cuando acaricia las piedras y majestuosos árboles a lo largo del camino, invitan al relax y al olvido de problemas cotidianos. En definitiva, nos engulle un estado de paz y felicidad.   

   El lunes, camino a Ronda, ciudad de ensueño, la lluvia no empañó la belleza de la vetusta ciudad, más si cabe aún, le confirió un halo de belleza y misterio. El color de sus verdes valles, la piedra grisácea de su tajo, aderezada por el musgo que crece en él. Sus sinuosas y laberínticas calles le dan aspecto de novela de misterio, donde el viajero quedará atrapado en su túnel del tiempo.

   Salvador y Natí hicieron de improvisados cicerones por su ciudad natal. Lugar de su niñez y adolescencia. Sus palabras eran el recuerdo de sus vivencias y nos trasladaron por su propia historia, que es la de la ciudad. Sus calles empedradas, las dificultades vividas, que suben tortuosas por el desfiladero. Nos contaron vivencias, nos enseñaron lugares de ensueños. Nos adentramos en el casco histórico de la ciudad, a través de la carrera de Espinel, popularmente conocido como calle La bola, porque un año de mucha nieve, los niños hicieron una gran bola, que al descender por la empinada calle, crecía y crecía hasta llegar a la plaza de Toros. 
Recorrimos las iglesias parroquiales, de grato, creo, recuerdo para nuestros guías. Nos llevaron por la Ronda Musulmán, con sus murallas, baños y calles empedradas. Recovecos de historia, que te dejan atrapados y que en perfecta fusión, nos condujo a la España de la Reconquista, que tal fielmente se encuentra retratada en la ciudad rondeña. Los palacios, como el del Marqués de Salvatierra, que en su fachada dintelada cobija unas curiosas esculturas de origen indiano. Todo es magia, todo es misterio, todo es historia, hasta que de pronto, nos dimos de bruces con el presente, que también es pasado, pero que deseamos sea historia. La sorpresa del artesano que se dedica a la madera y que orgulloso lo enseña al pasajero curioso y con el que se fotografía.
 Después, todavía más sorpresas, el Ayuntamiento, antiguo acuartelamiento militar, la  Iglesia de Santa María La Mayor, construida sobre una antigua mezquita árabe por los Reyes Católicos.

      Y continuaron las sorpresas, la plaza de toros, arte del rejoneo y cuna de grandes toreros, de ilustres apellidos, donde Pablo, en pose torera, se fotografió. El Puente Nuevo, que cambió para siempre la fisonomía de la ciudad de Ronda, y de regreso por los jardines de la Alameda, se vislumbraba la Ronda actual, reflejo orgulloso de su pasado milenario.

       En fin, una jornada inolvidable. Ronda es una de esas ciudades que cierras los ojos, ves la historia pasar, lo abres, y sigues soñando. Es un regalo para los sentidos.

  Todo el viaje fue un regalo para los sentidos, una vuelta a lo sencillo, a lo bello, a la amistad y a lo cercano. Disfrute sin pausa y pausa para disfrutar.


            Crónica de Brígida.

domingo, 17 de abril de 2011

A LA MAROMA POR EL ROBLEDAL. 10 de Abril de 2011


Todo malagueño amante de la naturaleza y de la montaña, aspira a subir a los dos picos más altos de la provincia: el Torrecilla (Sierra de las Nieves, 1919 mts) y la Maroma (Sierra Tejeda, 2065 mts). El domingo diez de abril un grupo de vecinos de La Cala y de Málaga nos dirigimos hacia el Robledal, en el camino de Zafarraya hacia Jatar. 

Salimos de La Cala a las 7:00 de la mañana y empezamos a caminar a las 8:15h. Durante la primera parte del camino hasta el salto del caballo, nos sentimos en el interior de un bosque típicamente mediterráneo con pino, encinas, romero en flor…Pensábamos que habíamos madrugado pero alrededor de las nueve de la mañana nos encontramos con un deportista que bajaba de la maroma haciendo footing alpino, ¡hay gente para todo! Llegando al salto de caballo encontramos un tejo (taxus baccata), que es el árbol que da nombre a la sierra, y que según parece las hojas, ramas y la madera contienen un alcaloide muy tóxico (Taxina). Pasando el salto de caballo, empezamos a ver hacia el oeste los pueblos de la axarquia, Málaga capital y la sierra de Mijas, hacia el este veíamos sierra nevada y hacia el sur la sierra de Almijara con todos sus picos. 
Llegamos sobre las once de la mañana y nos hicimos la foto de rigor. Visitamos una cueva, llamada la venta de hielo, porque allí guardaban el hielo y lo iban sacando para bajarlo en mantas durante la noche hasta Vélez-Málaga de venderlo. Estando allí, apareció otro deportista con el que no hicimos una foto y que tardo una hora y veintitrés minutos en subir desde Canillas del Aceituno, ¡hay gente para todo! La bajada fue más tranquila. Allí nos encontramos con Antonio, Rosa, Paqui y algunos niños. Tuvimos una comida muy sabrosa y después de la tertulia tuvimos la Misa, celebrada en ambiente de primitiva cristiandad. En un entorno tan bello, viendo las bellezas de la Creación, el encuentro con Dios en la Eucaristía tiene una resonancia diferente.
 
Rafael Rodríguez Sainz de Rozas

martes, 15 de marzo de 2011

SALIDA CON LA BANDERA TREPACUESTAS AL San ANTÓN (13-03-11)

Habían pasado varios meses desde que los Trepacuestas presentaron en sociedad su bandera y parecía que estaba un poco olvidada.

Por alguna razón, las semanas han ido pasando demasiado rápidas y el grupo no ha tenido la oportunidad de salir a desplegar al viento y tremolar en la montaña su actual primera bandera Trepacuestas.

A través del correo electrónico fuimos debidamente convocados por José Manuel. Pronto comprendimos que no podíamos dejar pasar más tiempo. Así que el domingo 13 de marzo, en cuaresma, fue el día para hacernos con toda solemnidad la foto oficial y de camino estrenar la nueva indumentaria que nos va a caracterizar de ahora en adelante a este grupo de caleños.

Así fue y así quiero dejar constancia de cómo sucedieron los hechos.

Por razón de tiempo se decidió que el querido y cercano San Antón fuese testigo de nuestro propósito. Tras cruzarnos con algunos senderistas amigos (Adolfo, Mª Eugenia y Cristina) y bajo una agradable mañana de viento y temperatura, una vez más encaramos la subida a la cruz del San Antón. Esta vez fueron dieciséis senderistas los que treparon en un santiamén por aquellas laderas en compañía de Lilo, la primera mascota oficial del grupo, que a modo de cabra legionaria, siguió a la peña durante todo el camino. No olvido decir que la gente joven marcó el ritmo, incluso se olvidaron de sus mayores, poniendo una diferencia de metros con los menos jóvenes que en fin, …, vamos de dejarlo ahí. De de esta sencilla forma y sin darnos respiro Omar, las dos Anitas, María, Noelia, María del Carmen, Ángel y Lilo traspusieron en un pis pas allá en todo lo alto. Minutos después lo hacía el resto de Trepacuestas.

La idea de la salida era enseñar a Málaga el nuevo pendón que de ahora en adelante recorrerá las veredas, carriles, montes y cimas de la provincia.

Pronto se puso de relieve la necesaria foto de familia y raudo los Trepacuestas, orgullosos, posaron de rojo para el objetivo, como si de la selección nacional de fútbol se tratase.

La bahía, con el mar mediterráneo y sus cinco barcos fondeados en un azul calmo a un lado y la ciudad al otro, fue fiel notario del entrañable acto del que por ahora me corresponde dejar sincero relato sobre casi todo lo que allí aconteció aquella mañana de invierno.

Curioso pero al ondear el banderín al viento, a 468 metros de altura, no hubo palabras de salutación, vivas o hurras por parte de nadie. No hubiese quedado mal haber preparado un entremés, sainete o juguete en prosa para realzar el épico momento que nos tenía reservado el día de San Rodrigo. Tampoco tuvimos la ocurrencia de buscar una madrina que velera por nosotros, salvo la gran y hermosa cruz metálica que allí se encuentra y que confiemos haga la veces de Ángel de la Guarda y guía senderista en nuestras próximas salidas.

Así las cosas y con Celes muy contenta por poder ver culminado su fino trabajo de diseño y costura, allí y en todo lo alto, estos entusiastas caleños pasaron el día deleitándose de la excelencia de la vista, para minutos después dar cuenta de un sólido lunch tipo Trepacuestas, del que los jóvenes del grupo hincaron el diente de forma ejemplar, todo hay que decirlo.

Con el mar de alborán a nuestros pies, bien quietecito y sin movimientos a la japonesa de carácter sospechoso, transcurrió el resto de la jornada.
 
Tras la reunión gastronómica hubo tiempo de saltar al otro pezón que no muy distante del que nos encontrábamos y que con 502 metros de altura[1], conforma la muy querida morfología geográfica de la zona y por la que es conocida y admirada por todos como las “Tetas de Málaga”.

Ni que decir tiene que en esta entrañable salida, por nuestras cabezas orbitaba y nos favorecía el necesario cafelito de tarde y del que fuimos a beneficiarnos en la Venta El Gato de Jarazmín, dando por concluida la jornada dominguera cuando un sordo estruendo nos hizo saber que el colista, Málaga C.F., y en lejanas tierras marcó su gol, que esperemos le sirva de inicio para la remontada en la parte final de la liga.

Crónica de Pablo Portillo.



[1] Dato obtenido del libro “El Valle de las Viñas de Miraflores del Palo” de Joaquín Ruano y José A. Barberá.

martes, 8 de marzo de 2011

FUENTE 101 CAÑOS - SIERRA GORDA. 6 de Marzo de 2011.

Día de incertidumbre desde el despertar, pues solamente abrir los ojos ya nos llevamos la primera sorpresa del día:  a pesar de las predicciones meteorológicas que auguraban un buen tiempo, aquí en La Cala del Moral a las 9 de la mañana,  caía una ligera lluvia,  que nos hizo dudar,  si llevar a cabo nuestro plan,  de ir a conocer "La Fuente de los 101 caños" de Villanueva del Trabuco,  o cambiar a un plan B, pero tras las consultas oportunas, decidimos ponernos en camino.

Eran aproximadamente las 10 de la mañana cuando partimos rumbo a nuestro destino, y con el firme propósito, sobre todo por los más jóvenes, de encontrar nieve en la montaña, y poder jugar con ella.
Lo cierto fue que a medida que avanzó el día, la llovizna de la mañana desapareció y no volvió a caer una gota en toda la jornada.

Eran las 11:15h cuando llegamos con nuestros coches , al pié de una gran pared rocosa, en la falda de la Sierra de San Jorge, de la que brota tal cantidad de agua que nutre los 101 caños que conforman la gran fuente que da nacimiento al Rio Guadalhorce. Lugar de gran belleza e inevitable visita para los amantes de la naturaleza.
 
Desde aquí con mochilas al hombro y palo en mano, emprendimos nuestra excursión a través de un carril que atravesando un frondoso pinar, va a desembocar a una pista forestal más ancha, que nos llevaría directamente, a la cima de la cordillera montañosa,  que formada por las sierras: Gorda, San Jorge y Gibalto, separa la Axarquía de la Vega de Antequera.
La zona está llena de contrastes, ya que, por una parte abundan los cultivos de secano como el olivar, y, por otra, también cuenta con pequeños bosques de vegetación mediterránea, como pinos, encinas y alcornoques, así como plantas y arbustos autóctonos de la zona.
Una vez en la cima, a la que llegamos sobre las 13:00h pudimos disfrutar de bellísimas estampas, pues la nieve conforma unos paisajes impresionantes, y aunque ya había desaparecido gran parte de ella, aún quedó la suficiente para que los niños, y los no tan niños, pudiéramos disfrutar tirándonos bolas unos a otros e incluso poder hacer un muñeco.

Después de un buen rato de juegos, risas, disfrute y reportaje fotográfico, nos dispusimos a buscar donde colocarnos,  para dar buena cuenta del tan apetecible menú Trepacuestas. Y allí rodeado de islotes de nieve y entre verdes pinos, repusimos fuerzas para después emprender el camino de vuelta.
Antes del regreso, Pablo y Jóse no reprimieron la curiosidad de saber,  que se divisaba al otro lado de la cima de la montaña, dando vista a la Axarquia,  y mientras el resto del grupo bajábamos  tranquilamente, ellos subieron y lo comprobaron in situ .
Y así entre cantes y risas de los niños, y charlando nosotras,  hicimos el camino de vuelta, casi sin darnos cuenta. A nuestra llegada de regreso a la fuente, sobre las 16:00h , nos sorprendió la numerosa afluencia de público que se acerca a disfrutar de tan hermoso lugar.
Nosotros, antes de montar en los coches, nos hicimos las correspondientes fotografías en la fuente, para que dejen constancia de haber cumplido con tan obligada visita.
Una vez de vuelta, antes de entrar en el pueblo, nos paramos en una ermita que se encuentra a la derecha, a pié de carretera, para hacer una visita a la Virgen del Pilar, que allí nos esperaba. Y tras visitar a la Señora, continuamos nuestro camino, para poco después, a la entrada del pueblo, en la antigua venta El Cortijuelo, parar, para tomar , ¿cómo no? el esperado café con el que se clausuran todas las salidas Trepacuestas.

      Crónica de Celes                                                    VIDEO  
                                                         Se aconseja desactivar la música
                                                         del blog para ver el video.


martes, 1 de marzo de 2011

EL HACHO de ÁLORA (27-02-11)

A propuesta de José Manuel decidimos el domingo 27 de febrero conocer el Hacho de Álora. Ciertamente el desafío presentado no tuvo el menor de los reparos y esta vez un pequeño pero selecto grupo de cuatro adultos y cuatro menores partimos de La Cala en nuestros propios vehículos en busca del objetivo.

Como ya conozco varios montes Hachos en la geografía española, el famoso de Ceuta y el de Estepa, y con la lógica duda orbitando sobre mi cabeza decidí enterarme bien y buscar el verdadero significado de la palabra Hacho. Para mi sorpresa, tiene varias acepciones, el diccionario de la RAE señala: Sitio elevado cerca de la costa, desde donde se descubre bien el mar y en el cual solían hacerse señales con fuego.
 
La mañana pintaba bien y con excelente temperatura, todo ello pese a encontrarnos aun en invierno. Con el menú clásico Trepacuestas a nuestras espaldas (bocadillo de tortilla, aceitunas, patatas fritas, fruta, agua y lata de cerveza para los mayores), aparcamos en la venta Fuente de la Higuera a la salida de Álora, dirección al Chorro.

A las 11,00 horas ya afrontamos la realidad de la subida. Para ello no olvidamos dejar inmortalizado el momento haciéndonos la preceptiva foto de familia en el cartel de inicio -ruta ornitológica para más señas-.


La ascensión al Hacho con sus interesantes 550 metros de altitud hizo que dejásemos a la izquierda la masa rocosa con su masa forestal. A la derecha la vista del Huma y el Chorro con toda el Valle del Guadalhorce y los viaductos del AVE. También dejamos muy cerca, a tiro de piedra, el monasterio de Ntra. Sra. de las Flores.

Pronto el grupo empezó a tomar posiciones. José Manuel y un servidor tirando de la cabeza, en medio los niños hablando de lo fantástico que es disfrutar de una semana completa en blanco y sin más deberes a la vista que el coronar el Hacho y finalmente las féminas charlando de sus cosas. De esta manera, casi sin darnos cuenta afrontamos la primera parte del recorrido en un paisaje ciertamente bonito con un verde que cubría todo a la vista.

El viento empezó a hacer de la suyas. A poniente las nubes comenzaban a cubrir El Chorro y todos pensamos que el bonito día podía torcerse a peor. Descartada la lluvia en la visita efectuada la noche anterior a la web de José Antonio Maldonado, aquello nos hizo ir ligeros de equipaje, como diría el poeta y que cierto es que en las paradas de reagrupamiento se echaba en falta el necesario abrigo.

Así las cosas vimos a la derecha de la ruta y en la cresta de la montaña próxima los molinos de viento (ventiladores en el argot local) que en número de ocho más algunos más al fondo daban una apariencia inversa a la planicie manchega. Con filosofía quijotesca proseguimos el carril terrizo con la vista clavada en la nieve que aun se podía divisar en la sierra de las Nieves -estribaciones del Torrecilla- y animados por el canturreo de los pajarillo, (de ahí lo de ornitológica) atravesamos una zona de olivares injertados.

Por un momento el trino de los pajarillos fue sustituyéndose por un ruido de motor que a medida que avanzábamos era más potente. Un tractor rojo (que pena que no fuese amarillo, ello hubiese ido de perlas a la crónica) a temprana hora se dedicaba a labrar los olivares de la parte alta del Hacho.

Sobre las 12,15 horas llegamos a un hermoso Mirador, donde además de tener excelentes vistas a la localidad de Álora y Pizarra los niños aprovecharon para dar nombre -para más señas Antonia- a una burra que allí se encontraba amarrada. Ni que decir tiene que la gente joven prestó más atención al equino que a nuestras explicaciones sobre lo que era aquello y lo de más allá.
 
Con las protestas del componente infantil continuamos la marcha dirección a la torre de repetición que a lo lejos ya divisábamos.

Reanudada la marcha pudimos advertir igualmente el gran trabajo de repoblación que se está efectuando en la zona.  Según hemos podido saber los trabajos forestales en El Hacho comenzaron en el mes de noviembre pasado y está prevista su conclusión para el próximo mes de mayo. En concreto se han plantado 16.680 unidades de pino carrasco, 9.630 de encina y 7.632 unidades de acebuche, protegidas con la correspondiente protector individual -malla plástica- al objeto de evitar los indeseables desperfectos ocasionados por los rebaños de cabras.

Durante la jornada poco público. Escasos senderistas y un par de corredores preparando alguna carrera de fondo, no en vano recordar que de Álora es Juan Vázquez (doble campeón del mundo de maratón, categoría veterano).

A las 12,45 horas alcanzamos el repetidor que no es más que una impresionante antena metálica de unos 40 metros de altura y que con el batir del viento sobre la estructura dejaba oír un característico zumbido. Un poco más abajo y tras 20 minutos de andar está la Cruz del Hacho que igualmente metálica y de unos 5 metros de altura corona de forma majestuosa aquella arista montañosa.

Pero estimado lector, quien ahora narra la escena no olvida contar que este cronista sufre de vértigo y no siendo amigo de las alturas y sin protección, valla o barrera alguna, pidió salir pronto del lugar por la impresión de tener que ver a los niños deambular por aquellos desafiantes despeñaderos siguiendo los lances de un partido de fútbol que allá abajo, en el campo municipal de Álora, disputaban dos desconocidos equipos.

Y así fue. Quien ahora les cuenta consiguió levantar al grupo rápido del lugar, no obstante hubo que ceder al bocadillo de los pequeños que así lo pidieron.

Dejada la zona y previa foto en el vértice geodésico del lugar, este humilde cronista mejoró su estado de ánimo, incluso de humor y cesado el peligro hubo necesidad de buscar zona de avituallamiento y recuperar completamente el estado previo de Quijote que durante el recorrido vino haciendo gala. Logrado el objetivo nos la prometíamos muy felices con el almuerzo y así lo hicimos. Rápido llenamos la panza al modo sanchopancesco ya que las nubes lo cubrieron todo y del fresco se pasó a un fresquito incómodo. La sensación térmica y la bajada de algunos grados de temperatura era más que evidente. El viento nos jugó una mala pasada y pronto hubo necesidad de seguir la ruta y descender. Una vez perdida altitud la situación térmica mejoró.

Siguiendo los consejos de José Manuel, cogimos una vereda muy acertada. Los niños tomaron la iniciativa y nos dejaron atrás. Aquello nos ayudó a prestar especial atención a una sugerente roca que con una evidente connotación fálica fue objeto de muchos comentarios y sonrisas por parte de nuestras mujeres, que no pararon hasta conseguir inmortalizarse con semejante y erecta formación geológica de pronunciado tamaño.
 
De esta inesperada manera estábamos completando una nueva ruta de los Trepacuestas, esta vez circular. Acercándonos a las estribaciones de Álora sobre las 15,30 horas, para luego buscar por las calles de la localidad, bordeando esta vez el Hacho y su colegio de primaria, el campo de fútbol Santa Ana, a ras de vista y llegar al final de ruta a las 16,00 horas, dando por concluida la jornada cuando alcanzamos al punto de partida en Fuente de la Higuera.

Ni que decir tiene que esta vez, el preceptivo café de la tarde lo pudimos degustar en la venta Los Caballos de Álora, viejo y entrañable lugar de reunión para los Trepacuestas, donde comprar pan es de obligado mandamiento.

Crónica de Pablo Portillo.

“Así digo lo que siento
sin hacer publicidad
que en Panadería Los Caballos
se come con garantía el mejor pan”

(Antonio Martín Conejo)
extraído de la bolsa de plástico de la panadería