Este es un espacio creado por amantes de la naturaleza,de la amistad y de la familia.
Nuestras actividades son familiares, intentando sembrar en nuestros hijos la afición por estos valores, por lo tanto queremos que sea un punto de encuentro entre personas con las mismas inquietudes.
Saludos y bienvenidos.
El martes veintisiete de julio tuve el gusto de acompañar al grupo de senderismo familiar “Trepacuestas”, para visitar un monte muy conocido para los que nos hemos criado en Pedregalejo: el monte San Antón. Pero esta vez hemos subido cuando ya se estaba poniendo el sol, para poder contemplar la bonita ciudad de Málaga desde un palco privilegiado.
Alrededor de las 21:30 h quedamos en La Cala y salimos en varios coches un grupo de veinticinco personas, niños y mayores. Subimos hasta la entrada de un carril. En este punto aparcamos los coches, nos hicimos la fotografía de rigor y empezamos a subir bajo la guía de José Manuel, un sherpa local. Mientras íbamos subiendo fuimos contemplando la vegetación típica del monte mediterráneo: algarrobo, pino carrasco, palmito,… La primera parada fue frente a una pequeña cueva. Nos cuentan que esta cueva sirvió de cobijo a este grupo en una excursión anterior, en la que la lluvia les sorprendió.
Después de recuperar fuerzas, nos dispusimos a afrontar el segundo tramo. En este segundo trecho, los mayores que íbamos en cabeza pudimos ver un pozo de varios metros de profundidad, que se encuentra recubierto en su parte externa por maleza. Finalmente llegamos a la cumbre y casi instintivamente todos nos dirigimos a tocar la cruz que se encuentra en la cima. Gracias a Dios hemos llegado. La vista de la ciudad de Málaga y de su bahía es impresionante, dudo que haya un punto de mejor panorámica en los alrededores de esta gran capital. Hasta tal punto gusto la vista nocturna que hay una propuesta de subir de nuevo al monte San Antón para ver los fuegos artificiales de la Feria de Málaga. Allí pudimos descansar por un rato, desentumecer la lengua y cenar. Alrededor de las 22:30 h pudimos ver la luna salir. En lo alto hacía un poco de frio, de modo que un poco después de las 23:00 h empezamos a bajar, para después llegar sanos y salvos a La Cala del Moral.
Ha sido una experiencia diferente y un bonito rato de convivencia. Gracias por la invitación.
Rafael Rodríguez Sainz de Rozas, párroco de La Cala del Moral
Sobre las 20.30 h. nos fuimos agrupando todos los participantes en la ruta,que no eramos pocos: Celes,Jose,Angel,Paqui,Pablo,Maricarmen,Nati,Salvador,Ana,Loli,Miguel Angel,Lucia,Carlos,Rosa,Lucia,Antonio,Conchi,Maria,D.Rafael,Pepe,P.Daniel,Virtudes,Virtudes(hija),Chiky,Leandro,Tara(la perra), Patri,Patri chica.Habia muchos niños,todos amigos entre si,con lo cual todos estabas contentos de participar. Tomanos los coches rumbo al Palo,subiendo por la Lujosa Urbanización de Pinares,que está repleta de chalets que por desgracia le han ido ganando terreno a la montaña,llegamos hasta el carril de tierra ,por donde esta la subida,nos hicimos alli la pertinente foto de grupo.Hacia una tarde en la que corria una brisa agradable,habia unas cuantas nubes bajas,comenzamos a subir.
El monte de San Antón,tiene dos cumbres ,la del Este(511m) y la del Oeste(495m),también es conocido como las tetas de Málaga,Tiene una súbida accesible a todo el mundo,un sendero por el cual se va disfrutando de las espectaculares vistas que se divisan de toda la bahia malagueña,de las montañas de las Sierras ,vemos como estamos rodeados de montañas en nuestra ciudad.
No tardamos mucho en llegar hasta la cumbre,en dónde encontramos una cruz de hierro,que no es la única que ha estado alli,según nos ha contado Jose,él y un amigo tambén pusieron una de madera hace muchos años.Yo he vivido muy cerca del monte y siempre recuerdo ver una cruz en lo alto.Nos hicimos fotos cogidos a ella,nos fuimos acomodando en las rocas,disfrutando de una panoramica espectacular,iba anocheciendo,estabamos esperando a que la Luna saliera,temiamos no verla,por la existencia de nubes.Nos comimos nuestros bocadillos,compartiendo charlas entre nosotros,compartiendo tambien patatas fritas. La noche se puso un tanto fresquita,hubo quien se tuvo que refugiar entre las rocas porque no trajo algo de manga larga en la mochila.A las 22.21 empezó la majestuosa Luna timidamente a brillar,ese era uno de nuestros objetivos,disfrutar de ella. A mi izquierda estaba Pablo Portillo,que es una enciclopedia andante,siempre aprendo algo de él,empezó a contarnos curiosidades sobre la luna,si quereis saber porque en el escudo del Rincón de la Victoria aparece una luna ,él os lo cuenta con agrado,estoy segura.
Llegó el momento de irnos,algunos tenian frio,nos pusimos en fila india vereda abajo.Los niños iban delante,para ellos una aventura nocturna que siempre recordarán.La bajada fué alegre ,aunque con alguna piedra suelta,todos linterna en mano,otro linterna en la cabeza como los mineros,bajamos todos sin ningún contratiempo.
Mi agradecimiento a todos los trepacuestas,por poder compartir esta experiencia con vosotros,si bien he cumplido el deseo de subir al San Antón,que quizas por tenerlo demasiado cerca nunca lo habia echo.La proxima ruta nocturna es a la Maroma,jejjeje.
Las promesas hay que cumplirlas y la tradición también. Es una costumbre en Rincón de la Victoria acabar la temporada con esta ruta senderista de la tapa, que en esta ocasión tuvo un formato distinto, pero igual apetecible gastronómicamente hablando. Fuimos citados en el Restaurante los Morenos a las 10,30 horas para degustar un delicioso desayuno axárquico. Con unos 30 valientes senderistas, dimos rápida cuenta de las viandas que nos fueron proporcionadas y nos movilizamos para iniciar la ruta por los montes de Rincón de la Victoria.
Fuimos sorprendidos por un sol radiante y una temperatura que vislumbraba ya la cercanía del verano. El calor se nos presentó y sin saludarnos siquiera nos acompañó toda la ruta. Agobiante la canícula y algunas deserciones de los participantes, hicieron esta ruta de una dificultad media o media/alta. Éste que les escribe, abandonó a mitad de camino y no por el calor o el cansancio, sino por las peticiones de las menores del grupo. Noelia y Susi se cansaron antes de la cuenta. No fuimos los únicos senderistas que abandonamos a mitad de camino, en total 7 nos dispusimos a desandar lo andado y ese sol radiante, que nos acompañó y nos hablaba, y nos recordaba que ya no era época de monte, sino de playa. La playa se divisaba a lo largo de toda la ruta. Las vistas eran impresionantes y los restos arqueológicos nos indicaban la grandeza antigua del lugar. Son sorprendentes los restos que jalonan nuestros campos y nuestra memoria. Nuestro acervo cultural es maravilloso y desconocido. Nuestra ruta inquietante e histórica, gran desconocida, que pronta dejará de serlo, al tener en marcha el ayuntamiento un proyecto senderista que pondrá en valor toda nuestra cultura oculta en las malezas del campo.
Esta crónica es especial por diversos motivos. Es especial por la grata compañía de todos los que realizamos la ruta senderista de la tapa, la amena conversación, el paisaje y la cultura jalonada a lo largo del tortuoso camino, pero también es especial, porque es la primera vez que se realiza por dos personas. Una vez me día la vuelta, Pablo Portillo, tomó las notas precisas para terminar la crónica. Las siguientes líneas dan cuenta y fe de ello.
Y así es amigo Antonio Sánchez, ahora tomo el relevo de esta crónica cuando bajo un gran algarrobo donde nos refugiamos la cabeza de grupo supimos de la retirada de algunos senderistas. Divisando el mar y mirando el próximo tramo de subida a más de uno le pasó por la cabeza darse media vuelta e irse a la playa.
Sigo pensando que la idea de la ruta es aprovechable, en todo caso hay que darle un aliciente o reinventarla y sobre todo lo que si es necesario es el cambio de fechas.
Así las cosas y para bienestar de los sufridores del camino, una vez ganada horizontalidad, una ligera brisa se apoderó del monte e hizo más llevadera la trocha. Tan solo se cortó el agradable airecillo cuando nos metimos en la rambla del arroyo de Benagalbón.
Pero antes de todo ello -tengo anotado a las 11,53 horas- paramos la marcha en una curva del carril y a mano derecha bajo un par de higueras con fruto -que pena no pasar dentro de 20 días- encontramos una alcubilla con una pileta rebosante de agua -un verdadero oasis-, que aunque no nos atrevimos a beber ya que estaba estancada, nos sirvió para refrescarnos y mejorar la sensación de de aridez del terreno. Como digo allí algunos senderistas pudieron refrescarse cabeza y sentimientos.
Más tarde, sobre las 12,05 horas y en bajada, con el grupo roto, nos topamos con Torre Albenda. Fue una magnífica torre de señales -desconozco si fue cristiana o musulmana-. De planta cuadrada divisa una extensa zona de terreno en su
entorno. Ignoro donde está la siguiente torre de repetición, supongo que en la playa, pero en la montaña tampoco sé donde ese ubica la
siguiente. Desmochada en su parte superior, de unos 4 o 5 metros de altura, es una de las construcciones desconocidas de la localidad y merece una atención por parte de todos. Poco o muy poco se ha escrito sobre estas torres del municipio, que junto a la del Zarzo y las ruinas de Funes conforman aquella olvidada parte de la historia local de la zona.
Pronto, sobre las 12,30 horas y en bajada por el cauce del arroyo Benagalbón a ritmo libre hubo un reagrupamiento en el cruce de Bonilla. Algunos senderistas se retrasaron y eso hizo que todos esperásemos charlando al citado agrupamiento.
El definitivo punto de encuentro final se produjo en el Restaurante los Morenos, donde junto a una fría cerveza coincidimos “desertores” y “cumplidores” de la ruta con el almuerzo preparado por el chef Ricardo, que amablemente salió a presentarse y ganarse a unos ruteros hambrientos de nuevas expediciones y así poder cumplir el programa establecido hasta el final. Pescado diverso, ensalada, paella de arroz -del lugar- y helado, de todos dimos cuenta y de nuevo se cumplió la antigua tradición de hacer amigos alrededor de una buena mesa, entablar tertulia y en definitiva hablar de futuros proyectos.
Termina la crónica nuestro organizador y promotor Antonio Sánchez que admite que tras recoger las indicaciones de muchos de los participantes el año que viene la III Ruta Senderista de la Tapa la realizaremos en febrero y la haremos coincidir con la feria de Benagalbón, lugar donde allí daremos cuenta de las tapas del lugar, que son variadas y ricas.
El pasado sábado, 29 de mayo, D. Rafael párroco de La Cala del Moral organizó, un año más, una convivencia dirigida a los jóvenes de catequesis que han realizado la Primera Comunión así como los de los grupos de Perseverancia y en las que han participado además los padres.
Este evento tuvo lugar en el paraje natural conocido como “El Alcázar”, cercano al pueblo de Alcaucín típico pueblo blanco de la comarca de la Axarquía.
El día amaneció sin nubes y a las 9:30 horas salió el autobús desde La Cala del Moral con aproximadamente 40 personas. A la altura del pueblo de Vélez-Málaga nuestro párroco, D. Rafael, nos recordó que el mes de mayo es el mes de las flores, de las primeras comuniones y la iglesia lo dedica a la Virgen María para conocer mejor sus virtudes. Para demostrarle nuestro amor se le cantó y rezó a la madre de Dios y también madre de todos los hombres.
A las 10:30 horas se empezó la ruta de senderismo desde la entrada del pueblo de Alcaucín, con una pequeña parada en la que nuestro amigo José nos comentó el impresionante espectáculo que teníamos ante nosotros, de izquierda a derecha nos fue indicando que en primer término teníamos el pueblo de Alcaucín, al fondo el pantano de La Viñuela, en el centro el castillo de Zalia y la mesa de Zalia y a la derecha el boquete de Zararraya. A continuación añadió que estábamos en el parque natural de las sierras de Tejeda, Almijara y Alhama que se encuentra entre las provincias de Málaga y Granada y que la sierra de Tejeda, debe su nombre al tejo, árbol que abundada en la sierra en la que nos encontrábamos en otros tiempos. También nos comentó que los cimientos del castillo de Zalia son de la época fenicia y que después fue habitado por los árabes, actualmente está en unas lamentables ruinas y que la mesa de Zalia, es una montaña con la particularidad de que es plana en su parte más alta parecida a una mesa de ahí su nombre, que en ese lugar existió una ciudad y que algunos dicen que es la legendaria Odisea de Ulises.
Después de realizar algunas fotografías del grupo iniciamos el camino por la pista forestal a buen ritmo teniendo en cuenta que empezaba a hacer calor y era conveniente refugiarse del sol tapándose con una gorra y con protector solar. Los senderistas charlaban muy animados intercambiando opiniones sobre el maravilloso paisaje y de vez en cuando se escuchaban los avisos ¡un coche!, ¡otro coche! y así los que andaban en el centro se acercaban al borde del carril para dejar paso a los vehículos. Señalar que algunos participantes de la convivencia y algunos jóvenes caminantes también aprovecharon para realizar la ruta en automóvil.
En el mirador Miguel Álvarez descansamos algunos minutos, preside este mirador una bonita estatua de cabra montes símbolo de estas sierras. Disfrutamos de la vista tan impresionante del barranco realizado por el arroyo y del manto verde formado por las copas de los árboles, la mayoría pinos.
Nuestra amiga Conchi, que nació y vivió en una pedanía cercana, nos comentó que ella recordaba como siendo niña entre las cuatro y las cinco de la madrugada pasaban las cuadrillas de hombres camino de la sierra para reforestar los montes y que tenemos en común que la Virgen del Rosario es la patrona de Alcaucín y de La Cala del Moral.
Continuamos el camino ya con algunos árboles en las laderas del camino y que daban alguna sombra hasta llegar a la zona de acampada denominada “El cortijo del Alcázar”, allí realizamos una pequeña parada para ver, tocar y escuchar el sonido relajante del arroyo.
Decidimos subir un poco más y a las 12:30 horas llegamos a otra zona de acampada y que consideramos adecuada para quedarnos en ella.
A los más jóvenes la caminata les despertó el apetito y el aperitivo se convirtió prácticamente en el almuerzo y después a jugar por aquellos montes y fundamentalmente alrededor de la acequia que llevaba un agua cristalina y bastante fría.
Un grupo de nueve personas nos acercamos a las ruinas del castillo del Alcázar. El camino muy agradable con muy buenas vistas de las montañas y barrancos, el cielo con algunas nubes de color blanco de las que denominan de crecimiento rápido que son de gran tamaño alrededor de las cumbres de las montañas y que no amenazaban lluvias. El espectáculo para la vista impresionante y la charla muy agradable.
A las 14:00 horas regresamos al lugar donde estaba el resto de nuestros compañeros de ruta y se comió los típicos bocadillos, tortilla de patatas, croquetas y ensaladas.
En la sobremesa, a la sombra de los pinos los niños continuaron con sus juegos alrededor del agua de la acequia. Otros jugaron al fútbol, resultado empate a 16 goles. Me agradó ver a un grupo jugando a la comba, juego muy sencillo y divertido que lo único que se necesita es una cuerda gruesa y muchas ganas de saltar. También vimos una ardilla que subió rápidamente a un pino.
Después nos dirigimos a un lugar precioso de espesa vegetación que nos rodeaba y a la sombra de pinos y chopos celebramos la misa y en la que D. Rafael en la homilía nos explicó el misterio de la Santísima Trinidad. Misterio central de la fe y de la vida cristiana y que debemos creer todos los cristianos, la existencia de tres personas distintas Padre, Hijo y Espíritu Santo y un solo Dios.
La vuelta a Alcaucín, donde nos esperaba el autobús, comenzó a las cinco de la tarde y se hizo a buen ritmo. El camino, el mismo de la mañana pero ahora en una suave bajada, sin prácticamente piedras. El cielo con algunas nubes en tonos blancos y rosáceos, sobre fondo azul. La temperatura agradable con una ligera brisa de montaña. Las vistas idílicas de las sierras y barrancos, el campo estaba vestido con todas sus galas. El estado físico del grupo me pareció muy bueno, felicitar a nuestro sacristán Pepe por estar en tan buena forma física. A las 19:15 horas el autobús nos dejó en La Cala del Moral y se puede resumir, el sábado 29 de mayo, como un gran día de convivencia en el que predominó el buen hacer de todos.
A las 16,00 horas, tras una ruta cercana a los 18 kilómetros por el término municipal de Antequera, nos encontrábamos saboreando unas cervezas en la mesa exterior de la Venta la Yedra, cuando Juan Carlos Mesa .(1) me sugirió que iniciase la crónica por el final ya que según él “en toda ruta nunca sabemos por donde se empieza, pero siempre sabemos como y donde se acaba”.
Con el amargo sabor del lúpulo en nuestras gargantas los que allí descansábamos de la caminata, disfrutábamos del momento recordando lo vivido en otra espectacular jornada senderista por una de las cordilleras olvidadas que la provincia malagueña nos tenía reservado.
Medio en serio, medio en broma algunos de los que acudimos a la ruta opinábamos que lo mejor del senderismo es la cerveza final y el posterior descanso en el sofá de casa. A ello me atrevería a incluir el café con churros de primera hora.
Sobre las 7,45 horas del domingo 23 de mayo, este humilde cronista provisto de mochila, bastón, ilusión y ganas de pasármelo bien coincidí por casualidad con José María, otro fijo del senderismo local, en el bar “Rincón de María” de la Cala. Al necesario cafelito con churros matutino se unió a la charla el camarero que atendía la barra y que al conocer de nuestro propósito dominguero pudimos captar en su mirada y en sus palabras su particular tristeza al de no poder unirse al grupo.
Pero así son las cosas y así comenzó amigo Juan Carlos la ruta.
Con menos personal de lo habitual y con ausencias notables, ya que entre Primeras Comuniones y el aviso dado sobre el grado de dificultad medio/alto de la salida, hizo que en esta ocasión menguase la afluencia de senderistas.
Aun a pesar de todo, aquello no arrugó a los que nos concentramos a la espera del autobús, que nos recogió en la parada caleña a las 08,15. Manolo, que viene siendo otro clásico en esto de caminar, pasó lista como en él es habitual en estos casos. Tras recoger en la Ronda de Málaga a Álvaro -uno de los monitores- y comprobar quienes eran los restantes compañeros de viaje, 20 en total, pronto cogimos carrerilla dirección al Puerto de las Pedrizas.
A la llegada a la Venta de la Yedra nos sorprendieron dos cosas. El frío de la mañana que hizo que prácticamente todos buscásemos abrigo y el fortísimo viento que nos acompañó durante toda la ruta. No recuerdo ahora una jornada con un dios Eolo tan enfadado con nosotros. Por los días de calor pasados en la ciudad y por los innumerables bañistas en las playas observados, barruntábamos una jornada calurosa para ese domingo. Pero ciertamente aquel viento actuó como un potente refrigerador. A más de un senderista pudimos verlo correr por el monte en busca de su gorra una vez destocado por el viento.
En ese momento se unió nuestro guía Julio que a la postre se reveló como un auténtico experto en la zona. Fue todo un lujo tenerlo por cabeza de grupo. Con su animada charla y su profundo conocimiento del terreno fue relatando un sinfín de anécdotas y detalles. No se quien le catalogó como una auténtica enciclopedia andante. Básicamente lo sabía todo. Una senderista que conocía a Julio de anterior salida, llegó a decir de él, en señal de su profundo dominio de la zona, que al pasar por determinado lugar, en voz alta, Julio advirtió que determinadas piedras habían sido movidas de su primitivo lugar.
Gracias a los dos por llevarnos y traernos.
Pasando junto a la mítica fuente que da nombre a aquel lugar, pronto saltamos una alambrada. La mole de piedra que se encuentra justo a la espalda de la Yedra fue nuestro primer objetivo. Pronto, o mejor dicho muy pronto nos desvestimos de la ropa de abrigo y la senda comenzó a picar hacia arriba. Caminando bajo una línea de media tensión empezamos a tomar altura y a su vez empezamos a identificar a nuestra espalda algunas referencias geográficas conocidas como la Peña de los Enamorados de Antequera, Villanueva del Trabuco, la ermita de Ntra. Sra. de Gracia en Archidona y muy a los lejos la penibética cordobesa con la ermita de Araceli de Lucena, casi invisible al ojo humano. A medida que subíamos se podía observar también los molinos de viento de la sierra de Loja y la localidad de Villanueva del Rosario, hasta entonces tapada por una sierra.
Con un manto verde por vereda trascurrió esta parte del recorrido hasta llegar a un bello prado salpicado de ovejas que libremente pastaban a sus anchas. Como la estampa era irrepetible aprovechamos para tener la primera parada y por tanto el primer tentempié. Entre la morcilla de Manolo Ramírez, la fruta de otros nos quedamos embobados mirando a las docenas de borregos que allí estaban sin un pastor que las cuidase, lejos del mundanal ruido. A más de uno y por un momento se le pasó por la cabeza hacerse oveja.
Atendiendo a Julio entramos en una zona de umbría para retratarnos. Un verdor y un grado de humedad desconocidos hacían a más de uno dudar de si realmente estábamos en Málaga o se trataba de otra zona propia de otras latitudes. Y es que la montaña malagueña en ocasiones nos tiene reservado estas sorpresas.
Viendo que había buen nivel, Julio propuso al grupo desviarnos para ascender al pico de las Cabras que a sus 1.283 metros de altitud y aunque no lo parezca es conocido por todos los malagueños. Intentaré explicarme. Si subimos desde Málaga al Puerto de las Pedrizas en coche, en el desvío que hay -Antequera a la izquierda y Granada a la derecha- pues bien justo la montaña que hay a mano izquierda de la carretera es el Pico de las Cabras.
Así pues subiendo y charlando a la cumbre creo que debimos asustar a un cuarteto de buitres que durante algún tiempo estuvieron revoloteando sobre nuestras cabezas, hasta que algún senderista observador pudo constatar sendas cabras, que haciendo honor a su nombre, recortaban su silueta sobre el pico. Finalmente y atravesando una zona de pura piedra y con algo de dificultad a las 11,25 horas hacíamos cima con un viento descomunal. El tiempo justo para unas fotos junto al vértice -en realidad es una barra de hierro- y contemplar el paisaje, para abordar pronto el descenso.
Al socaire de un acantilado el viento nos dio una tregua. Ya en bajada suave sobre las 12,35 horas divisábamos a lo lejos la ciudad de Antequera. Más tarde paramos en un pozo cubierto junto a un pilar que servía para atender al ganado. Algunos centenares de metros después pudimos detenernos ante la gruta de la Yedra. Muy curiosa la pequeña oquedad en la roca y muy a propósito el nombre de la cueva. Impactante el contraste del verde de la hoja -yedra- que rodea la caverna.
Caminando con Julio, éste nos llevó a reconocer un montón de arbustos, plantas y flores. La única que recuerdo ahora es la que se denominaba “cojines de monja” que no es más que una mata de pinchos que por esta época tiene unas florecillas moradas que cubren su centro, dando un aspecto distinto al campo malagueño.
Comenzamos a descender por un cañón donde el viento hizo de las suyas. El barranco de bajada comprometió al grupo de senderista, no ya por el esfuerzo de rodillas y punteras, sino porque alguno que otro perdió la verticalidad. Pero nada importante que no pudiese ser superado por el grupo.
Cercano las 13,10 horas pasamos por el paraje conocido como “Circo de Lastonares” para minutos después y salvado el fuerte desnivel, llegar a otro lugar con un cortijo en ruina y de cuyo nombre tampoco me acuerdo.
La zona donde hicimos alto estaba junto a un helipuerto y una balsa de agua. Me temo que con calor más de uno estaría pensando en el baño. Allí y por la hora, 13,45, dimos cuenta de nuestros bocadillos y también pudimos saborear una excelente agua que manaba de otra fuente con pilares, muy parecida a la anteriormente vista. Como el campo es algo impredecible, José María como seguidor del Unicaja, siguió por radio los últimos minutos del partido de baloncesto poniéndonos al corriente del tanteo y celebrando el triunfo cajista en plena primavera antequerana.
Otros como Antonio Sánchez no perdió el tiempo y se tumbó bajo un castaño. En definitiva empezamos a asumir que la ruta estaba finalizando.
Dando por terminado el frugal almuerzo y dejando atrás chopos, encinas, morales, nogales y castaños tomamos un carril terrizo y que jalonado por miles de margaritas amarillas, blancas y rojas amapolas hizo muy agradable los últimos metros del recorrido. Un trigal a derecha e izquierda del camino hacía que la mies se balancease por las rachas de viento. Fue todo un espectáculo de color verde en acción. Con un marchar rápido atravesamos la comarcal 331 (carretera que une Villanueva de la Concepción con Antequera) para terminar a las 15,00 horas junto al nacimiento del río de la Villa y sus estanques.
Haciendo unos sencillos ejercicios de estiramientos el grupo daba por concluida la ruta.
(1) Para una mejor identificación es la persona que llevaba el sombrero de paja.
En ocasiones la climatología desafía al senderista haciendo que las condiciones atmosféricas hagan de la ruta, por sencilla y fácil que pueda parecer a priori, un reto.
Eso fue lo que precisamente nos ocurrió en la subida al Cerro de la Corona aquella mañana de primavera.
La propuesta de salir a “hacer piernas” y conocer el monumento funerario del Cerro de la Corona en este caso fue de Salvador, cosa a la que nadie puso reparos, básicamente por lo sencillo del itinerario y lo cercano de casa. A todos nos pareció muy buena idea.
El sábado por la tarde nada predecía la posibilidad de precipitaciones para el día siguiente. Pero el domingo para sorpresa de incautos el suelo apareció mojado. Aunque con nubes algunos rayos de sol consigueron deslizarse por un cielo entonces encapotado. A pesar de todo y aunque no se crea aquello nos animó y sin necesidad de buscar actividad alternativa, salimos de La Cala y tomamos dirección Totalán por la carretera que en paralelo al arroyo le da nombre y fuimos al encuentro del cruce de Olías. En aquel momento ya había aparecido una fina lluvia ocasionando los primeros comentarios de algunos Trepacuestas.
Con algunas bajas en esta salida y tras la correspondiente foto para el blog con decisión abordamos el primer tramo de subida. Como es natural y aun sabiendo que la montaña hay que ir siempre con un mínimo de preparo, esta vez, ignorando el primero de los consejos desobedecimos el principal mandamiento del catecismo excursionista -el chubasquero-.
Salvador confundió la vereda, pero nos sirvió para apreciar unos bellos ejemplares de frutales (granados, perales, chumberas, higueras,…) además de distintas flores silvestres. Advertido el despiste regresamos sin problemas sobre nuestros pasos y enfilamos el camino. El sirimiri dejó paso a una lluvia sostenida y ello nos obligó a buscar cobijo, a falta de mejor lugar, bajo un frondoso algarrobo.
Como la lluvia no cesaba y evidenciado el error de no traer con nosotros impermeable, excepto la precavida de Paqui, fue cuando este cronista sorprendió a todos sacando de la mochila sendos paraguas.
Ciertamente la imagen de contemplar a unos senderistas guarecerse en el monte bajo sombrillas tuvo que ser lamentable, pero aquella fue nuestra única defensa ante el líquido elemento. Cuando la lluvia aflojó, la niebla se adueñó del terreno y de un tirón llegamos al monumento funerario que protegido de una tela metálica delimita el enterramiento de los depredadores “urbanitas“que aun quedan sueltos. Excavado en roca, el dolmen ha sido expoliado a lo largo de los siglos. En aquel lugar se han localizado desde restos cerámicos hasta huesos. El dolmen está datado en el III milenio a C.
Con unas fotos de rigor y ante el plan de seguir pasados por agua consideramos el regreso como la única opción sensata, pues a estas alturas nuestras botas y pantalones estaban más que mojados. La decisión fue bien recibida por el componente más joven del grupo.
El resto del día al menos nos sirvió para pasear por Totalán, degustar su conocido plato denominado “Chanfaina” (patatas, con chorizo, asadura y morcilla con huevo frito) en el bar “Arroyuelo” y del que nadie dejó nada, para posteriormente regresar a La Cala, algunos andando y los más jóvenes por carretera.