martes, 1 de marzo de 2011

EL HACHO de ÁLORA (27-02-11)

A propuesta de José Manuel decidimos el domingo 27 de febrero conocer el Hacho de Álora. Ciertamente el desafío presentado no tuvo el menor de los reparos y esta vez un pequeño pero selecto grupo de cuatro adultos y cuatro menores partimos de La Cala en nuestros propios vehículos en busca del objetivo.

Como ya conozco varios montes Hachos en la geografía española, el famoso de Ceuta y el de Estepa, y con la lógica duda orbitando sobre mi cabeza decidí enterarme bien y buscar el verdadero significado de la palabra Hacho. Para mi sorpresa, tiene varias acepciones, el diccionario de la RAE señala: Sitio elevado cerca de la costa, desde donde se descubre bien el mar y en el cual solían hacerse señales con fuego.
 
La mañana pintaba bien y con excelente temperatura, todo ello pese a encontrarnos aun en invierno. Con el menú clásico Trepacuestas a nuestras espaldas (bocadillo de tortilla, aceitunas, patatas fritas, fruta, agua y lata de cerveza para los mayores), aparcamos en la venta Fuente de la Higuera a la salida de Álora, dirección al Chorro.

A las 11,00 horas ya afrontamos la realidad de la subida. Para ello no olvidamos dejar inmortalizado el momento haciéndonos la preceptiva foto de familia en el cartel de inicio -ruta ornitológica para más señas-.


La ascensión al Hacho con sus interesantes 550 metros de altitud hizo que dejásemos a la izquierda la masa rocosa con su masa forestal. A la derecha la vista del Huma y el Chorro con toda el Valle del Guadalhorce y los viaductos del AVE. También dejamos muy cerca, a tiro de piedra, el monasterio de Ntra. Sra. de las Flores.

Pronto el grupo empezó a tomar posiciones. José Manuel y un servidor tirando de la cabeza, en medio los niños hablando de lo fantástico que es disfrutar de una semana completa en blanco y sin más deberes a la vista que el coronar el Hacho y finalmente las féminas charlando de sus cosas. De esta manera, casi sin darnos cuenta afrontamos la primera parte del recorrido en un paisaje ciertamente bonito con un verde que cubría todo a la vista.

El viento empezó a hacer de la suyas. A poniente las nubes comenzaban a cubrir El Chorro y todos pensamos que el bonito día podía torcerse a peor. Descartada la lluvia en la visita efectuada la noche anterior a la web de José Antonio Maldonado, aquello nos hizo ir ligeros de equipaje, como diría el poeta y que cierto es que en las paradas de reagrupamiento se echaba en falta el necesario abrigo.

Así las cosas vimos a la derecha de la ruta y en la cresta de la montaña próxima los molinos de viento (ventiladores en el argot local) que en número de ocho más algunos más al fondo daban una apariencia inversa a la planicie manchega. Con filosofía quijotesca proseguimos el carril terrizo con la vista clavada en la nieve que aun se podía divisar en la sierra de las Nieves -estribaciones del Torrecilla- y animados por el canturreo de los pajarillo, (de ahí lo de ornitológica) atravesamos una zona de olivares injertados.

Por un momento el trino de los pajarillos fue sustituyéndose por un ruido de motor que a medida que avanzábamos era más potente. Un tractor rojo (que pena que no fuese amarillo, ello hubiese ido de perlas a la crónica) a temprana hora se dedicaba a labrar los olivares de la parte alta del Hacho.

Sobre las 12,15 horas llegamos a un hermoso Mirador, donde además de tener excelentes vistas a la localidad de Álora y Pizarra los niños aprovecharon para dar nombre -para más señas Antonia- a una burra que allí se encontraba amarrada. Ni que decir tiene que la gente joven prestó más atención al equino que a nuestras explicaciones sobre lo que era aquello y lo de más allá.
 
Con las protestas del componente infantil continuamos la marcha dirección a la torre de repetición que a lo lejos ya divisábamos.

Reanudada la marcha pudimos advertir igualmente el gran trabajo de repoblación que se está efectuando en la zona.  Según hemos podido saber los trabajos forestales en El Hacho comenzaron en el mes de noviembre pasado y está prevista su conclusión para el próximo mes de mayo. En concreto se han plantado 16.680 unidades de pino carrasco, 9.630 de encina y 7.632 unidades de acebuche, protegidas con la correspondiente protector individual -malla plástica- al objeto de evitar los indeseables desperfectos ocasionados por los rebaños de cabras.

Durante la jornada poco público. Escasos senderistas y un par de corredores preparando alguna carrera de fondo, no en vano recordar que de Álora es Juan Vázquez (doble campeón del mundo de maratón, categoría veterano).

A las 12,45 horas alcanzamos el repetidor que no es más que una impresionante antena metálica de unos 40 metros de altura y que con el batir del viento sobre la estructura dejaba oír un característico zumbido. Un poco más abajo y tras 20 minutos de andar está la Cruz del Hacho que igualmente metálica y de unos 5 metros de altura corona de forma majestuosa aquella arista montañosa.

Pero estimado lector, quien ahora narra la escena no olvida contar que este cronista sufre de vértigo y no siendo amigo de las alturas y sin protección, valla o barrera alguna, pidió salir pronto del lugar por la impresión de tener que ver a los niños deambular por aquellos desafiantes despeñaderos siguiendo los lances de un partido de fútbol que allá abajo, en el campo municipal de Álora, disputaban dos desconocidos equipos.

Y así fue. Quien ahora les cuenta consiguió levantar al grupo rápido del lugar, no obstante hubo que ceder al bocadillo de los pequeños que así lo pidieron.

Dejada la zona y previa foto en el vértice geodésico del lugar, este humilde cronista mejoró su estado de ánimo, incluso de humor y cesado el peligro hubo necesidad de buscar zona de avituallamiento y recuperar completamente el estado previo de Quijote que durante el recorrido vino haciendo gala. Logrado el objetivo nos la prometíamos muy felices con el almuerzo y así lo hicimos. Rápido llenamos la panza al modo sanchopancesco ya que las nubes lo cubrieron todo y del fresco se pasó a un fresquito incómodo. La sensación térmica y la bajada de algunos grados de temperatura era más que evidente. El viento nos jugó una mala pasada y pronto hubo necesidad de seguir la ruta y descender. Una vez perdida altitud la situación térmica mejoró.

Siguiendo los consejos de José Manuel, cogimos una vereda muy acertada. Los niños tomaron la iniciativa y nos dejaron atrás. Aquello nos ayudó a prestar especial atención a una sugerente roca que con una evidente connotación fálica fue objeto de muchos comentarios y sonrisas por parte de nuestras mujeres, que no pararon hasta conseguir inmortalizarse con semejante y erecta formación geológica de pronunciado tamaño.
 
De esta inesperada manera estábamos completando una nueva ruta de los Trepacuestas, esta vez circular. Acercándonos a las estribaciones de Álora sobre las 15,30 horas, para luego buscar por las calles de la localidad, bordeando esta vez el Hacho y su colegio de primaria, el campo de fútbol Santa Ana, a ras de vista y llegar al final de ruta a las 16,00 horas, dando por concluida la jornada cuando alcanzamos al punto de partida en Fuente de la Higuera.

Ni que decir tiene que esta vez, el preceptivo café de la tarde lo pudimos degustar en la venta Los Caballos de Álora, viejo y entrañable lugar de reunión para los Trepacuestas, donde comprar pan es de obligado mandamiento.

Crónica de Pablo Portillo.

“Así digo lo que siento
sin hacer publicidad
que en Panadería Los Caballos
se come con garantía el mejor pan”

(Antonio Martín Conejo)
extraído de la bolsa de plástico de la panadería

miércoles, 23 de febrero de 2011

LA MESA - COMARES (20-02-11)


Tengo la impresión que esta salida a Comares, la más corta en distancia que pueda recordar, ha sido un recuerdo de lo más que entrañable, ya que la posibilidad de que el grupo pueda conocer lo que a mi juicio es el verdadero corazón de la Axarquía -Masmúllar- cargada con todo ese halo de leyenda e historia a sus espaldas ha tenido que calar hondo en todos los senderistas que el pasado domingo 20 de febrero optaron por caminar por uno de los parajes más bonitos y a su vez más desconocidos de nuestra provincia.

La aventura dominguera empezó temprano, reuniéndonos una vez más en el Rincón de María sobre las 7,45 horas.

Desde hacía días que por la Cala corría el rumor de que teníamos nuevo churrero y los que apostamos por el famoso apéndice español de masa frita teníamos la curiosidad de paladear y degustar las habilidades culinarias del nuevo maestro churrero. Saciados el paladar nos preguntábamos si habíamos hecho lo correcto, pues la carretera hasta Comares podía ser un serio problema, ya que con solo pensar en las curvas que hay entre El Palo, Olías, cruce de Venta Galwey, Venta Cárdenas hasta los Ventorros era motivo de profunda preocupación.
 
Como siempre José María, Carlos, José Manuel Ruiz y un servidor coincidimos en la barra del bar al olor del aceite caliente y del café. Una breves palabras a modo de saludo y rápidamente embocábamos el autobús con nuestros otros conocidos (Carlos Mesa, la “vieja guardia”, …) así como los nuevos excursionistas que se unieron a la ruta (esto va lógicamente por Lola Ledesma, Salvador Martín, Rita y Rosa).

A estas alturas me pregunto si a los principiantes o novatos del senderismo deberíamos bautizarlos o darles la bienvenida. No quisiéramos pecar de mal educado pero para no quedar mal sostengo que algo hay que hacer y algo tenemos que pensar al respecto.

Con la idea lanzada, retomo el hilo de la crónica recordando que el suelo se encontraba mojado por la fina e intermitente lluvia de la noche anterior, recordándonos que aun estábamos en invierno y que el abrigo era necesario. Por otro lado las nubes ayudaban a dar un ambiente fresquito que se acrecentó aun más si cabe a la bajada del autobús en Comares.

Pero vayamos por partes. El camino decidido, para nuestra tranquilidad, fue por Vélez, pasando de largo el cruce de Cajiz sin recoger esta vez a José Luis que en esta ocasión no nos acompañó. Dejamos Triana, para luego enfilar la dura rampa de 7 kms. hasta la somnolienta barriada de los Ventorros de Comares, no sin antes recoger en la gasolinera Repsol de Vélez a uno de nuestros monitores y que por casualidades de la vida hizo que coincidiésemos con los senderistas del grupo de Torrox que iban a otra ruta.

Así a la 9,15 h. y con algo de fresquito -12º ambiente- (eso indicaba el termómetro del autobús) nos hacíamos la foto de rigor, no sin antes efectuar los ejercicios de calentamiento ya habituales bajo un suelo mojado.
 
A la 9,20 h. eran 31 los intrépidos excursionistas que junto a 2 monitores ascendíamos a La Mesa de Masmúllar en lo que podría definirse como la primera ruta oficial de la temporada senderista 2011 del Ayto. de Rincón de la Victoria.

Ni que decir tiene que a más de uno la rampa inicial le cogió en frío. No se porqué razón nunca se ha empezado la ruta en bajada. Sea como fuere a los 200 metros veíamos despojarse los primeros abrigos a algún que otro excursionista y se presentía que aquello iba en serio. Con la vista clavaba a la derecha con la localidad de Periana, la mole de Zafarraya al fondo discurrió los primeros momentos, hasta que enganchamos la vereda
serpenteante que con humedad y musgo en las rocas nos condujo a la entrada de la milenaria fortaleza de Masmúllar. Con un inicial reagrupamiento que sirvió para emitir los primeros suspiros por el esfuerzo empleado, menos mal que la cosa no fue a más.

Luego la imaginación hizo de lo suyo cuando pudimos disfrutar de los restos arqueológicos que esparcidos por el suelo de La Mesa ha sabido guardar aquel lugar durante varios siglos. El grupo entre asombrado y sorprendido pudo ver los silos que para recogida de grano y semilla y excavados en roca se encontraban en distintos lugares en la parte alta de La Mesa a 711 metros de altura. Un aljibe cuadrado en buen estado de conservación, junto a restos de construcción hizo lo demás. Finalmente absortos contemplamos una primitiva mesa cuadrada de piedra de varias toneladas de peso que sirvio para el prensado bien de vino o bien de aceite a los antiguos pobladores de Masmúllar y a los que no consigo dar con el gentilicio correcto.

La peña se lo tomó con filosofía serrana, cuando en una parada de carácter dietética y exigida por algunos hizo sacar bocadillos y demás delicatesen entre olivos.



Lo que no se esperaba casi nadie fue el encontrarse con el famoso aljibe mozárabe de 3 naves y que sin apenas protección, se aloja en el subsuelo de La Mesa. Aquel prodigio de construcción, que hoy dejaría pasmados a más de algún técnico, de 7,7
m. de largo, unos 5 m. de altura por 5,75 m. de ancho con forma de rectángulo, dividido en nueve compartimentos con arcos de herradura, cuatro pilas cruciformes y un cono de herradura sostiene bóvedas de aristas. Fue construido sobre el siglo XI-XIII y obtuvo la declaración de monumento artístico nacional en 1931, cuando por otro lado la realidad nos dice que nunca estuvo más abandonado y descuidado que en el año 2011.


Aquel prodigio de construcción tuvo que ser muy bien canalizado desde el exterior para recoger el agua de lluvia en aquella meseta.


Me pregunto muchas veces las razones por las que se da protección a un monumento, para luego olvidarlo y dejarlo en el más absoluto abandono. No creo que ese aljibe árabe merezca semejante situación.


Impresionados por lo visto atacamos el descenso para abordar en una bonita mañana de casi primavera el resto del itinerario.


A las 11,20 horas y por algunos minutos abordamos en fila india la carretera asfaltada que va a Comares para luego tomar a la izquierda un carril terrizo.


Sin quitar ojo a un pequeño punto blanco en el horizonte y tras algunas dudas lo identificamos como Riogordo. Lo verdaderamente bueno del lugar es que estando en las alturas puedes ver muchas cosas que ni te imaginas, siendo realmente difícil poner nombre a tantos puntos de aquella geografía axárquica.


Con algo de viento fresquito, que en modo alguno causó molestias, discurrió parte del trazado sin que pudiésemos ver despejada la cima de La Maroma, que circundada por nieve, la mantuvimos como referente una buena parte de la jornada.

A las 12,15 horas, fue el último descanso tras una larga bajada que hizo temer a más de uno lo que se nos avecinaba. Tras la paradilla, una subida intensa nos trajo a la memoria aquel final de ruta, Arenas-Sayalonga, del pasado año.


En esta subida con la vista clavada en los acantilados de Comares y sus casas colgadas fue otra de las escenas para no olvidar. Un agrupamiento en Fuente Delgada,
junto a otro aljibe abandonado, hizo que todos apretásemos los dientes hasta la otra fuente, la Gorda, que se encuentra igualmente en otro menos hermoso paraje a las afueras de Comares. Un promontorio a escasos metros de Fuente Gorda, daba testimonio de la importancia del agua en épocas pasadas. La vigilancia de un nacimiento, la necesidad de mantener limpio el manantial, fue siempre objeto de preocupación de nuestros antepasados. La atalaya existente en Fuente Gorda confirmaba lo dicho.

Lo bonito del día vino cuando pusimos pie en la calzada romana que une el carril terrizo con una de las entradas de Comares. Con una inclinación alta, trepamos, más que subimos cual tropa romana a nuestra meta. Luego un arco moderno de ladrillo en forma de herradura y en construcción, nos dio la bienvenida a la localidad. Allí nos oxigenamos contemplando ya despejada la cima Tejeda en la sierra Almijara-Tejeda y conocida también por el pequeño Pirineo.


Luego nos dirigimos a la parte del castillo de Comares (completamente desaparecido) y accedimos al cementerio para restregarnos los ojos en la formidable vista que se puede disfrutar desde ese balcón de Axarquía junto a Carmen. Y es que para los que no nos hayan acompañado sírvase decir que en aquella esquina del cementerio se encuentra el panteón o mausoleo que con la única señal o lápida bajo el nombre de Carmen tiene el privilegio de ver como amanece y anoche todos los días en la Axarquía.


Si
n saber aun quien fue Carmen o mejor dicho de quien fue la brillante idea de dar sepultura a esa mujer en aquel legendario lugar, la tropa, desconozco si para quitarse el susto del cementerio o para cumplir con la tradición abordó sin pestañear esta vez las mesas plásticas y la barra del bar “La Plaza” de Comares para empinar el codo con unas 

cervezas.




Crónica de Pablo Portillo
 

lunes, 17 de enero de 2011

RUTA INAUGURAL RIO GRANADILLAS-TIO CAÑAS. RINCON DE LA VICTORIA. 16 DE ENERO DE 2011.


A las 10.00 horas y después de degustar un magnífico y axárquico desayuno en los Morenos, 43 ninfas del senderismo  y Tais, perra de agua que nos acompaño de principio a fin, con un comportamiento ejemplar, iniciamos la ruta inaugural del Río Granadillas-Tío Cañas. La ruta transcurrió en un ambiente primaveral, sin calor y sin frío, lo que hizo más llevadero el camino, que al final resultó más difícil y complicado, de lo que en un principio parecía. El buen humor y la camaradería reino como siempre, en esta primera ruta de la temporada. Es de destacar este buen ambiente entre todos los participantes del senderismo, ya que somos amigos y eso se traslada al camino. Caminante se hace camino al andar y bien que caminamos e hicimos camino, departiendo buenos momentos de charla, recordando la navidad pasada y hablando del senderismo, de los planes de futuro, de las próximas rutas. Impacientes amigos del senderismo, habrá nuevas rutas y como siempre las mejores para recorrerlas juntos, en las nuevas aventuras, que seguro nos deparará el futuro y el camino.
 

    En esta ruta rinconera, nos acompañó el paisaje, el tiempo, los amigos, los almendros en flor. Todo engalanado para extasiarnos con su contemplación. El campo nos recibió con sus mejores galas, fuimos con la vista y los sentidos para deleitarnos y lo conseguimos. Nunca una ruta nos ha sorprendido con tanto. Fuimos de sorpresa en sorpresa. La sorpresa de la señalización tan completa. Los carteles que ubicados correctamente y con tanta información incitaban a andar, más y más. 

La fotografía de grupo en esa atalaya que es la Capitana. Tan cercana y tan distante, tan altiva, en su privilegiada atalaya. Nuestro mar, nuestro Rincón al Sur, y al Norte, la invitación lasciva del caminante, el camino, la sorpresa que nos espera a la siguiente curva. Sentido y sentimiento. Las dos palabras que resumen la ruta. Gastronomía, cultura e historia, los aderezos de la ruta. Todo en una ruta. Satisfacción por ofrecer a los senderistas una ruta muy completa que aúna gastronomía, paisaje, dificultad, sentimiento y cultura. Deseos de que todas y todos la conozcan. Merece la pena y todos somos testigos de esas cualidades y sentimientos.


  Volviendo al camino y a las sorpresas, nos encontramos con Juan Carlos, el profesor de Yoga, que nos sorprendió, cuando ya llegados al Río Granadilla, nos fue entregado por Protección Civil, una bolsa de mandarinas, que degustamos entre todos y nos quedamos maravillados del buen sabor de las mismas. Del buen sabor del campo. Como nos gusta lo natural, lo bueno, lo cercano.

    Las sorpresas jalonaron todo nuestro andar. La alcubilla árabe, al lado de la cuadra, que proporcionó agua para las gentes del lugar, que eran muchos los habitantes, en un pasado, de estos lares. La higuera, ahora desnuda, pero cuando volvamos a realizar la ruta, en la primavera, se verá vestida de buenas y jugosas brevas. La flora autóctona del lugar lució en todo su esplendor y con un merecido reconocimiento en todos los carteles.
 
    La Torre Albenda merece un reconocimiento especial. Es la gran olvidada de las torres vigías que antaño cuidaron de la seguridad del lugar. En su privilegiada posición veló por la seguridad de nuestros antepasados y el paso del tiempo la ha llevado a la actual degradación y olvido. Se merece una restauración y un recuerdo en los libros de nuestra historia. En nuestra ruta tiene ese privilegiado lugar, que nunca debió perder. Su presencia sirvió para hacernos las mejores fotografías de la ruta. Sorpresa para los que no conocían de su existencia y sorpresa para los que la conocíamos, pero no habíamos estado allí para fotografiarnos junto a ella. Fotografías para el recuerdo, pero también para el futuro.


    La continuación del camino nos llevó de nuevo al cauce del río, discurriendo por el municipio vecino y amigo Moclinejo, que merece siempre una visita. En su principio o fin de su término municipal tuvimos oportunidad de recuperar fuerzas, reagruparnos, disfrutar con las mandarinas, y con las locuras de Isi, que no tuvo reparo alguno, con tal de obtener una buena fotografía y disfrutar del momento, de subirse a las alturas, en este caso, encima del techo del vehículo de protección civil y el que les escribe obtener una fotografía de un pájaro volador, entiéndame, de una mente voladora y soñadora. Reflejo de un alma inquieta y soñadora. Todos los senderistas somos inquietos y soñadores. Soñamos con descubrir nuevas rutas y nuevos paisajes. Soñamos con un mundo mejor y en eso estábamos, cuando enlazamos con la continuación de la ruta, dirección al Tío Cañas. La primera sorpresa un jabalí, la segunda la ermita del Río Granadillas. Nuestro guía Carlos, buen conocedor del lugar, se esforzó en contarnos toda la historia y la trascendencia del lugar. Quién quiera escucharlo aprenderá mucho de todos los acontecimientos vividos en estas tierras.

    El resto del camino continuó con nuevas y trepidantes sorpresas. Divisamos Moclinejo, Benagalbón, un barco de cruceros, que nos acompañó en la bajada del Tío Cañas, el progreso de nuevas urbanizaciones que casi devoran el paisaje y finalmente el fin del sendero, que nos llevó de nuevo al inicio, a disfrutar en compañía de los amigos de un buen almuerzo, donde dimos cuenta, entre otras viandas, de una paella de arroz y de varias cervezas fresquitas. Que sería del senderismo sin las cervezas que ponen punto y seguido a una nueva ruta. Que sería del senderismo sin la buena compañía. Tan grata era la compañía que no queríamos terminar, que no queríamos abandonar y volver a la rutina. Casi nos echan del bar, pero al final nos despedimos, con la promesa de volver a estar juntos, de volver a hacer camino. De caminar juntos descubriendo las sorpresas que nos deparará el futuro y el camino.
    Gracias a todos por vuestra compañía y vuestro camino.


Crónica de Antonio Sanchez.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

TREPACUESTAS. Fin de temporada. Presentación de nuestra bandera. 12 de Diciembre de 2010.

Cómo todo no es andar por el campo, sino que también el cuerpo necesita de otros placeres, se ha convertido ya en costumbre, sana costumbre diría yo, almorzar por Navidad en Moclinejo, este año, el día 12 de diciembre y como siempre en el Restaurante Reyes, en el centro del pueblo, a mano del ayuntamiento y de la bodega de vino, famosa ya por el vino y por la buena gente que la regenta.


    Un buen día en Moclinejo no es igual sin la visita a la bodega de vino. La cata de vino dulce y de las nuevas variedades es el preludio de la compra tradicional del Zumbral y otras delicatesen vinícolas. Esta vez, además, fue el preludio de la visita guiada a las bodegas. Antonio, nuestro guía y dueño de la bodega, disfrutó explicándonos los avatares para la producción del vino y nosotros gozamos con las tradiciones condensadas del vino en unos pocos metros, porque el lugar rezumaba cariño, amor por el trabajo bien hecho y por la tierra. En el interior, todavía se respira el sabor añejo de lo auténtico, de lo propio, de lo distinto, la esencia de pueblo, que en la costa ya no se destila. Gracias Antonio, por recordarnos quiénes somos y por embriagarnos de saber vinícola, por estar pendientes de nosotros y por preocuparte de qué no nos fuésemos de tu pueblo, sin sentirlo, sin quererlo, y de qué volviésemos, que te aseguro, lo haremos, al menos una vez al año.

   Vino, buena mesa, buenos comensales y al final, también buenos villancicos. Ese es el resumen de la ruta gastronómica, pero tengo que adornarla con el relato de lo ocurrido en una magnífica jornada de domingo.

  El principio, el vino, la bodega, la buena gente y las explicaciones, ya queda relatado, la continuación, llamémosle el intermedio, se desarrolló alrededor de una mesa redonda, que nos llamó la atención, pero que sirvió para que fuera una auténtica reunión de amigos, sin los típicos corillos de la mesas rectangulares o alargadas. La conversación amena y distendida, girando alrededor de los temas que nos unen, sobre nuestras cosas, como diría el castizo. La tertulia sirvió para recordar lo vivido durante el año 2010, para recordar las andanzas con las botas puestas sobre el largo camino recorrido. Para recordar las rutas realizadas en una siempre grata compañía y sobre todo para organizar los nuevos recorridos. El resumen a modo de “Bíblia Trepacuestas” entregado por Pablo fue el momento emotivo, acompañado de los sentimientos en las firmas recogidas para plasmar y recordar el momento. 
Para regalar a nuestros amigos el largo camino andando y conociendo las montañas de nuestra Málaga. Ese es el espíritu trepacuestas, el amor a la naturaleza, la amistad, la familia y también el empaquetado especial para regalo, que es el anuario del año. 
Todo eso se reflejó el 12 de diciembre de 2010 en Moclinejo alrededor de unas exquisitas viandas, regadas con vino del lugar y acompañados de nuestros amigos en una mesa redonda, donde también tuvo lugar otro acontecimiento importante para el grupo.

Tras más de 2 años de salidas por las sierras de Málaga desde hacía meses se advertía la necesidad de agruparnos bajo una bandera que desde ahora en adelante nos acompañará a todas las marchas de este grupo de caleños.
Con un formato de unos 50 x 30 cm. aproximadamente y en dos colores separados en triángulo celeste y verde, las expertas manos de Celes han conseguido representar a la perfección el verdadero sentir Trepacuestas con ese larguirucho y estilizado logo que desde ahora en adelante imprimirá carácter al grupo y que en prolongada ascensión alcanzará las más altas cimas de la provincia.
El acto fue embellecido por Celes cuando nos regaló a los asistentes unas breves pero emotivas palabras que a modo de bendición consiguió arrancar los aplausos de los presentes, sirviendo el momento para que la chiquillería se fotografiase junto a la autora material de tan hermoso banderín.
Ni que decir tiene que en el ánimo de todos los concurrentes está el poder bautizar la nueva bandera en la primera ocasión que se presente y poder ser agitada al aire de nuestros queridos montes de la provincia.

    El final de la crónica pensaba terminarla en Moclinejo, con los villancicos y los pastorales, que nos despidieron con la típica música navideña, pero no puedo olvidarme de la merienda en casa de los Portillos, del video resumen de la temporada, anuario y video todo un lujo para el grupo, y de la tenue luz que reflejaba la felicidad y las ganas de continuar recorriendo montes y propagando el espíritu de la navidad, el espíritu trepacuestas, allende los mares y los montes.

    Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo, Trepacuestas.

    Crónica de Antonio Sánchez

lunes, 15 de noviembre de 2010

Arenas - Sayalonga. 14 de Noviembre de 2010.

La despedida de la excursión Arenas Sayalonga del pasado domingo 14 de noviembre fue de lo más inesperado cuando a bordo del autobús que nos traída de regreso y detenidos en la parada de La Cala, este humilde cronista ponía pie a tierra pudo oír de algunos senderistas un emotivo Felices Fiestas y hasta el año próximo.

A las 9,00 horas el grupo desembarcaba en lo que se conoce como la Ruta Morisco Mudéjar junto a la falda del castillo de Bentomiz para dar inicio a otro gran día de campo para 31 activos andarines, incluido los tres monitores Carmen, Meli y Adrián que en práctica se unió a la tropa.
 
Un carril terrizo de los muchos que han sustituido a los antiguos caminos de herradura fue nuestro compañero de viaje durante algo más de tres horas de marcha en una bonita mañana otoñal de luz y que la Axarquía nos tenía reservado para estos rinconeros. No se si será el destino o la casualidad pero en el momento en que me encuentro escribiendo esta crónica (domingo noche) la lluvia repiquetea suavemente sobre el patio delantero de mi casa. 

Sin atisbo alguno de llovizna la jornada dominical la calificaría de media tirando a suavita y que transcurrió con normalidad ya que a excepción del primer repecho que nos cogió a más de uno en frío no hubo mayores problemas hasta la última subida que del río Competa nos llevaría a Sayalonga. Como digo todo el camino fue por carril a excepción de un pequeñísimo tramo de carretera asfaltada.

No obstante llamar la atención sobre lo que acaeció con un par de senderistas, que nos tememos no sabían bien donde se metían y como desconocedores de la zona y a una hora, más o menos, de iniciada la ruta solicitaron no continuar la marcha. Este hecho que si bien no perjudicó al grupo fue bien resuelto por las monitoras que ordenaron la evacuación con el coche de apoyo, lo que pone en evidencia la necesidad de homogeneizar al colectivo.

El verdadero problema que subyace en estas salidas senderistas es que al ser abierto el número de excursionistas simplemente algunos vienen a probar y muchos se acercan a este apasionante mundo sin saber bien de que se trata. Otros por falta de un mínimo de preparación, los menos con limitaciones físicas evidentes, aunque los hay completamente despistados acuden sin el calzado oportuno ocasionando con su actuar y sin saberlo un auténtico compromiso al conjunto de excursionistas.

La solución aunque difícil de resolver, viene del necesario y esperado club senderista local que aglutine, coordine e iguale al grupo. Con todo y con esto el accidente y la lesión son factores consustanciales al senderismo y que se asume como parte del riesgo de la actividad.  


Pero que cierto es que el camino une y si no que se lo digan a Paco Sinta y a su hija Rocío a la que damos la bienvenida a este blog y que por favor te rogamos nos pongas desde ahora en adelante en favoritos. A Sensi que igualmente disfrutó del recorrido. Ni que decir de los que me atrevo en llamar cariñosamente como los “jubilados” y que están que se salen. Formidable Salvador Martín, un todo terreno del monte y que su afición al senderismo podríamos calificarlo como de devoción sacramental ya que curiosamente lo compagina con la bandurria (estimado lector has leído correctamente es un gran aficionado a ese instrumento musical de cuerda que en forma aovada y provisto de un mástil corto con trastes y seis cuerdas dobles se toca con púa).

Cuando hoy leas estas líneas, cuando estés sumergido en el ajetreo de la semana, confío que esta modesta memoria te sirva a modo de válvula de escape para romper con la monotonía urbana diaria y puedas trasladarte por unos momentos al pasado domingo 14 de noviembre.
 
Con la mole de la Maroma siempre a nuestra izquierda y rodeados de olivos, almendros, viñas sin fruto y paseros discurrió la mayor parte de la mañana. Divisamos Daímalos, Cómpeta y otros villorrios de la zona. Multitud de puntitos blancos diseminados en las faldas de las montañas nos hacían pensar en el exagerado urbanismo incontrolado del lugar. Cuando la ocasión lo permitía podíamos apreciar la cima del Lucero al frente o el mar de Alborán a la derecha con los edificios de Totó de Torre del Mar.
 
A las 9,55 h. la primera parada. Un cielo azul intenso sirvió para encarar con buen ánimo uno de los momentos más detestables para el senderista: el asfalto. Con dirección a Corumbela vino la llegada a la entrada de la población que fue aprovechada para sorprender a tres borricos que extrañados supongo por lo temprano de la hora quedaron inmóviles a nuestro paso. Entramos por calle las Pitas y con unos hermosos tiestos de flores por espectadores atravesamos nuevamente la carretera rodeando esta vez el campo de fútbol para encontrarnos con lo que se conoce como Área Recreativa las Tres Fuentes. El citado lugar no es más que un ensanche de una curva del carril que conduce a Sayalonga que junto a tres jóvenes castaños coexiste con una coqueta zona empedrada, una mina de agua y unas mesas que sirvieron para que a su vez Carlos Mesa pudiese hincar el diente a su bocadillo y el resto del grupo hincar el dedo en el disparador de las máquinas de fotos.

Para este dominguero aficionado a los churros el estómago le pedía sencillamente agua. Otros el líquido elemento solicitado -H2O- probablemente viniese consecuencia de los excesos de la noche anterior. Excesos o no, la parada fue de provecho pues a la inesperada venta de lotería ofrecida por una senderista, todos fuimos regalados por un sol radiante que a mitad de noviembre y pensando en los centroeuropeos que precisan calefacción, nos hacía pensar ahora en la ventaja que tenemos viviendo en la Axarquía. Algunos calificaron el momento como de lujo asiático, otros como de prolongación del verano, pero buscando el calificativo adecuado Carmen y Meli junto con algunos detonaciones de escopetas de caza en la lejanía nos despertaron del sueño ordenando la continuación de la marcha para con la ya habitual bota de vino a cuesta proseguir el camino.
 
Como el grupo comienza a conocerse, entre otros, notamos la ausencia de caras familiares ya que a la falta esta vez del componente extranjero, echamos de menos a nuestros queridos Manolos: Ramírez y el supervisor. De Antonio Sánchez las féminas aun recuerdan la promesa e invitación ofrecida en la anterior salida a la Camorra. Y es que las promesas están para cumplirlas y como nos consta que Sánchez es todo un caballero de la ruta y una vez recuperado de su esguince de tobillo sabemos que cumplirá con la palabra dada.

Aprendimos que a la hoja de viña se le llama pámpano, unas hierbas que nos enseñaron se le denominan altabacas o algo parecido, otras conocidas por colas de caballo, parietarias y entre algo de humo por la quema de rastrojos a lo lejos continuó la andadura por una larga bajada en dirección al río Cómpeta hasta encontrar los primeros bancales de nísperos, mandarinos y árboles tropicales.

Los que ya sabemos algo de senderismo pronto empezamos a intuir que todo lo que se baja, tarde a temprano hay que subirlo y que cierto y verdad es que tras dejar atrás un hermoso río con una par de casas espectaculares y un puente de arco de medio punto donde todos paramos para fotografiar el lugar, dio comienzo una penosa y exigente subida que solo fue interrumpida cuando a la derecha del carril localizamos un trasportín por cable elevado que a modo de tirolina sirvió para unir en su momento las dos orilla del río y de la que Isis no dudó en subirse.
El repecho en continua ascensión y sin llano o descansillo para tomar aire pasó factura al grupo, máxime que cuando la imagen de llegada a Sayalonga y que teníamos clavada correspondía al cementerio que en forma redonda es una particularidad de esta localidad. Algunos jadeando, otros jurando en no se que idioma y los más lanzando al aire alguna que otra palabra en castellano áspero, finalmente paramos en la parte baja del camposanto en espera del correspondiente reagrupamiento dada la subidita de marras.

El lugar para juntarnos quizás no fue de lo más oportuno y me consta que en el impreso-cuestionario final que fue repartido por los monitores más de un senderista y en el apartado “observaciones” solicitó para futuras ocasiones y grupos nueva zona de reagrupamiento en vez de la antes mencionada. Ciertamente la quedada podía haberse efectuado en cualquier otro rincón alejado de aquella necrópolis.
 
Como el reloj marcaba a la entrada de la plaza de Sayalonga la hora del vermouth -12,40 horas- y como para algunos era demasiado temprano iniciarse con la cerveza, creo no equivocarme cuando digo que la sensación general fue que el recorrido se quedó corto y que una horita más de caminata hubiese servido para degustar con más intensidad la San Miguel de final de ruta.  

A Carlos que bajo esas gafas siempre dibuja una sonrisa en su cara no pareció importarle mucho la pérdida de su móvil VODAFONE en algún lugar del trayecto. Sin pérdida de tiempo junto a la plaza del Ayuntamiento de Sayalonga y para hacer un poco de tiempo posamos para la foto final de familia como igualmente hicimos en Arenas horas antes. Luego el Mesón Palustre en el nº 5 de la calle principal de la localidad, junto al Hogar del Pensionista y Panadería Moyano, sirvió para hacer patria chica ya que invitaciones por allí y convidás por allá, unos dentro del bar y otros fuera puestos al sol como genuinos guiris saborearon al unísono el deseado lúpulo que sirvió para concluir el año senderista 2010 con Rincón de la Victoria.
 Recorrido en  Google earth

Crónica de Pablo portillo